Mendigos y hombres

FRANCISCO BAUTISTA GUTIÉRREZ

Mendigos y hombres

Si yo te contara todo ocurrió rápidamente y sucedió cuando el cielo estaba nublado y hacía frío a causa del viento mientras no tan lejos, el mar, apenas roto por los retazos ennegrecidos de algunas nubes, mecía sus olas con rabia y desesperación.

-Eh…¿Qué haces?- grito con fuerza-

-Y a ti que te importa mendigo.

-Oye tu…-respondo de inmediato al hombre que está a punto de entrar en el agua- lo digo porque vas a coger un catarro de aúpa.

-¡Que más dá¡…

-Y además no quiero que manches el agua.

-Eso tiene gracia…-responde el hombre de color.

-Si te piensas ahogar mejor lo haces en otro sitio, vamos si es que quieres hacer esa estupidez.

El hombre gira sobre si y mira mis andrajos y mi rostro en el que se confunde la suciedad con la barba de varios días.

-No tiene sentido.

Y calla ante aquél silencio de Enero roto solo por el sonido de las monótonas olas.

-La vida siempre tiene sentido.

-Depende para quien y desde luego no para nosotros, en mi pais nos enfrentamos continuamente a la muerte, a la miseria y al dolor.

-Muy bonito.

-Tu no lo entiendes…vives bien….

-¿Tu crees?

-Si, claro que lo creo.

Guardo silencio y miro al hombre de color y pienso en su lucha que es la de todos y siento rabia y me embarga una piedad que acaba confundiéndose con la indignación. Una piedad sin saber debida a que, pero áspera y seca producida por el pudor a sentirme vivo sin que la indignación me impida sonreír, aunque sea una sonrisa sostenida, una mueca cruel que me hace sentir despreciable, anónimo ante el ser que ante mi se siente un desheredado de la tierra.

Me incorporo y miro hacia el interior de la ciudad, dirijo mis ojos al conglomerado de seres que pasan con indiferencia, que miran por el rabillo del ojo a aquellos despojos, miro sin ver al grupo de gente que camina, monjas silenciosas, travestidos impacientes, médicos con aspecto de dioses, punkis y adolescentes en patinete mezclados con un montón de seres de difícil identificación, robots anónimos que pasan por la vida vacíos, sin historias.

-Lo que no entiendo –me dice el hombre- es que tu estés contento.

-¿Lo dices por mi ropa?

-Si, eres un mendigo y un pobre.

-Sabes, la diferencia entre ser un mendigo y un pobre es que yo tengo una historia y un pobre no tiene nada.

-¡Que tontería¡…y yo escuchándote.

-Pues ahógate, pero si tu supieras contar tu vida, si se pudiera escribir una simple nota con tu historia, no tratarías de suicidarte, te agarrarías a ella.

Guardamos silencio cada uno de nosotros encerrados en nuestros pensamientos mientras a nuestro lado susurran los fantasmas del mar, los de los marinos que no llegaron a partir, el sonido de la ciudad en forma de aliento fresco mezclado con olor a rutina, a pescado, a los olores que desprende la gente de la mar.

-Yo no tengo nada …-responde el hombre- abandoné mi país en busca de una vida mejor que aquí no he encontrado, no me queda nada.

-Si tú lo dices.

-Yo he luchado pero mi alma está vacía y mi espíritu cansado, ya no me queda esperanza.

Cuando los ángeles bajan del cielo acaban convertidos en salvajes, como la gente que indiferente pasa por las calles sin preocuparse del hombre sin destino, saboreando una gloria con sabor a soledad, un amargo sabor que no pueden evitar de sus corazones.

-Y tu familia….

-Mis hijos están pasando hambre.

Extraña noche poblada de negras estrellas que bañan a un mendigo y a un hombre de color, que ennegrecen el agua invitando al hombre a que acabe sumergido, tratando de abrazarle.

-No tengo nada que mandarles…no me dan trabajo y yo no se robar..ni tengo dinero para volver a empezar y si me detienen acabo en la cárcel de mi país….en deshonra.

Me incorporo y sujeto el envase de vino que me acompaña tratando de que no se derrame, para caminar todo lo rápido que me permiten mis pies mirando hacia delante, clavando los ojos en los transeúntes que se cruzan conmigo, tratando de alejar la imagen del hombre pero sabiendo que se le aparecerá la muerte, el momento que hasta entonces ha permanecido ajeno a mi vida.

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