La vida en una mina extraterrestre

JUAN MANUEL LABARTHE

La vida en una mina extraterrestre

La verdad sea dicha, la colonia minera Esperanza situada en Nébula 4B-X no es un lugar que impresione. A simple vista, lo único que se ve es un conjunto de edificios anodinos: bloques cuadrangulares, blancos y grisáceos, desperdigados en un radio de unos diez kilómetros. Los edificios están interconectados por pasajes lo que permite transitar por todo el complejo sin la necesidad de salir a la superficie. Esto es fundamental porque la vida afuera resulta insostenible para los humanos, las densas concentraciones de sulfuro y óxido en la atmósfera, las altas temperaturas, hacen que para una breve caminata por la superficie del planeta uno tenga que pertrecharse con gruesos trajes espaciales diseñados exprofeso.

Los edificios albergan las oficinas administrativas, las bodegas, las plantas procesadoras, los generadores de aire, los puertos para la embarcación del material, las viviendas de los humanos con todos sus servicios. Junto a este pequeño pueblo existe otro, invisible al ojo desnudo, pero que es en realidad mucho más grande y complejo que el que sí se puede ver. Se trata, claro está, de las minas, una intrincada red de túneles subterráneos, cientos de tentáculos de caprichosa forma que horadan el interior del planeta hasta llegar a los 3,000 metros.
En la parte superior de las minas, hay también viviendas y servicios, separados de los de la superficie. Ahí habitan los molios, los trabajadores de la mina. Las duras condiciones que imperan en las entrañas del planeta hacen imposible para los humanos sobrevivir ahí abajo más de unos cuantos minutos. Los molios en cambio, de apariencia humanoide pero cuya anatomía tiene una espectacular resistencia han sabido adaptarse.

Los molios son traídos por las naves desde Termack, un planeta de clase C que se encuentra en las profundidades de la galaxia. Termack apenas cuenta con tecnología, tiene que importar casi todos sus bienes y comodidades, la vida es allí pobre y dura: por ello es que el trabajo en las minas constituye para los molios una perfecta oportunidad de mejorar sus condiciones. No es fácil, claro está. Los contratos duran cinco años lo que es mucho tiempo para los grandes riesgos que implica la vida en la mina. Los derrumbamientos y los accidentes son comunes, pero para los que logran sobrevivir intactos es maravilloso regresar a Termack tras haber amasado una pequeña fortuna.

A pesar de los riesgos y de que siempre se necesitan trabajadores en las minas, la demanda supera con creces la oferta, cuando llegan las naves, irrumpiendo con su elegante figura plateada el fosforescente cielo de Termack, cientos de molios se apretujan en torno a sus puertas, con la esperanza de ser contratados.

En realidad los molios reciben apenas una ínfima parte de la riqueza que se genera en Esperanza. En las minas se hallan abundantes yacimientos de gran cantidad de materiales, entre ellos, níquel y tungsteno, pero la verdad es que nadie se preocupa por ellos: lo único que verdaderamente importa es el veridio. Este es el verdadero oro de la era interplanetaria, un metal cristalizado que se aplica en casi todos los ramos de la industria, pero especialmente en las construcciones de naves, en los sistemas de defensa y comunicación. Por alguna razón que los científicos todavía no han podido explicar, el veridio abunda en Nébula 4B-Xcomo en ningún otro planeta de los que se han explorado hasta ahora.
Su extracción no es fácil. Aun para los molios, en las minas el calor es infernal, las condiciones de trabajo extenuantes, con grandes taladros neumáticos extraen el material en grandes bloques que lo contienen apenas en un uno por ciento, de ahí se le transporta a la superficies donde pasa por varios cámaras y hornos, donde reciben procesos químicos, de cocción, filtración, fundición y electrorefinación, hasta que se obtiene el producto final. Este trabajo lo realizan exclusivamente los humanos, y en comparación al de los molios es un juego. De ahí el veridio pasa al almacén, donde no permanece mucho tiempo, pues las demandas son tan grandes que constantemente llegan las naves a proveerse del material.

Aunque el arriba y el abajo están en constante contacto son dos mundos totalmente aparte. Difícilmente hay algún diálogo entre sus habitantes. A los molios les está prohibido subir, los humanos jamás bajan. En la minas, los molios excavan, y duermen soñando con el día en que terminará su voluntaria esclavitud. Arriba los humanos tienden a olvidar que los grandes bloques que llegan en las cintas transportadoras, fueron extraídos por alguien. Los molios con sus ojos rojo-fuego, su apariencia de estatua estilizada, sin rasgos definidos, el cuerpo plano, les parecen todos iguales, un solo organismo, compuesto de una multitud de individuos. El rostro de los molios parece hierático, y representa un enigma pero es un enigma que a nadie le interesa descifrar.

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