La Revolución Jaudu

LEMUEL LUNA

La Revolución Jaudu

El astro de luz asciende en el Valle de Ugadú y lo pinta de cálidos colores cada mañana. Ugadú es una de las 3 naciones del planeta Abumbú. Es un lugar donde abunda la flora y la fauna exótica en la galaxia AF19. Algunas de sus extravagantes razas son: las Ninulosas (plantas carnívoras gigantes), los Palindros (pulpos humanoides), las Platalias (plantas voladoras), los Tauronilos (toros cibernéticos), las Saurias (serpientes emplumadas con la capacidad de cambiar de color), los Tortos (tortugas dragón), los Makones (mitad león, mitad pez), entre otros.

Sin embargo, la criatura más extravagante son los llamados Jaudus. Es una especie humanoide, de piel parda, con pecas en todo el cuerpo. Dominan el valle por su velocidad e inteligencia.

Un aldeano Jaudu nunca revela su edad, pero se tiene idea de ella por la manera en que se visten. Los infantes se dan a notar por su tamaño y porque permanecen desnudos los primeros 15 años de vida. En esta etapa son seres asexuados.

A los 15 de un Jaudu se realiza la Ceremonia de Asignación Sexual. Es una costumbre que se lleva a cabo para sexualizar a los críos Jaudus, según las necesidades de esta sociedad, para que exista una equidad de género. La ceremonia la ofician un encargado de cada Orden de Poder: Abish (Rey de todos los Jaudus), Edra (Consejero Espiritual) e Iká (General militar).

Una vez que los órganos sexuales de los Jaudus aparecen, gracias a dicha ceremonia, empiezan a vestir a las hembras con las alas de las Platalias y a los machos con los dientes de las Ninulosas. Esta vestimenta la llevarán hasta los 100 años.

De los 100 a los 200 años, a las hembras las arroparan las plumas de las Saurias. Los machos por su parte, se cubren con la piel de los Palindros.

En la tercera edad Jaudu (de los 200 en adelante y hasta que mueran) machos y hembras llevaran el pelo de los Makones.

Otras características que hacen visible las diferencias entre Jaudus, son las que se relacionan con el poder:

La familia real (Rey, esposa e hijos) es la única que podrá usar coronas hechas de meteoros, durante toda su vida.

La comunidad espiritual (Consejero, sacerdotes y sacerdotisas) se maquillaran todo el cuerpo con polvo estelar, lo que hará que brillen en su cuerpo los mensajes divinos.

La comunidad militar (General y soldados) llevan armaduras hechas con el caparazón de los Tortos.

La gente de rango medio –comunidad general– no utiliza ningún distintivo.

Los pobladores de rango bajo -esclavos y criminales- usan objetos incrustados contra su voluntad en el cuerpo. A los esclavos les adhieren huesos de sus amos fallecidos en la vestimenta y la piel, como símbolo de honor y servicio eterno. Por otro lado, los criminales llevan perforaciones de metal en orejas, nariz, lengua, ceja, pezones o en sus órganos sexuales, dependiendo del delito.

Leona es una hembra Ugadú de aproximadamente 100 años, relativamente joven para un ser femenino del planeta Abumbú. Ya que la mayoría de las especies de este lugar viven mucho tiempo e incluso hay seres inmortales.

Ella trabajaba como sirvienta en el Palacio Real. Después de que su padre murió, hace unos cuantos días, tras el ataque de los Tauronilos a su comunidad. Vive con su madre, quien está embarazada y dos hermanos menores (gemelos).

Se rumoraba en la comunidad, que Abish abusaba de las empleadas domesticas, pero poco ha sido comprobado debido al gran poder de este.

Como siempre, Leona llegaba y limpiaba, hacía de comer, apoyaba a Artol (hijo del Rey) con las tareas para ganarse un dinero extra y cuando acababa todas sus actividades iba con Tara   (esposa de Abish) para que le pagara el día.

Justo cuando se cumplía 1 mes del fallecimiento del padre de Leona, la madre al despedirse sintió un mal presentimiento y le dijo a su hija que no fuera a trabajar. Sin embargo, Leona no hizo caso alguno.

Leona estaba en la parte final de su rutina de trabajo, apoyar a Artol con su tarea, cuando ambos escucharon los gritos de Tara y Abish. Se pudo ver como otra de las empleadas salió llorando del despacho donde ellos estaban. Fue tanto el disgusto de Tara con su marido que se llevó a su hijo a casa de su madre. Antes de irse le dijo a Leona que esa ocasión el Rey le pagaría el día.

Entonces Leona, con miedo y apenada por lo sucedido, fue al despacho del él para pedirle el pago, pero éste estaba bebiendo una copa de Sagen; una mezcla de licor y sangre de Palindro, que aparte de emborrachar, funcionaba como afrodisiaco. La ira y la pasión se mezclaron en el sorbo del Sagen, cuando Abish vio a Leona entrar al despacho.

– Disculpe las molestias… vengo por mi pago del día. Ya acabé las actividades de hoy – Dijo Leona.

– No te preocupes. Vamos a la habitación. En la cómoda de mi cama esta el pago que dejo mi mujer para ti – contestó Abish con lujuria.

– Prefiero esperarlo aquí –se podía sentir el miedo de Leona al hablar.

– Anda, que el jefe soy yo. Es más, toma esta copa y acompáñame, después de esto subimos por tu dinero y te llevo a casa.

Él tomó la copa y la puso con fuerza en la mano de Leona, abrió la botella y se puso detrás de ella para servir el trago. Mientras el liquido tinto caía en la copa, el aprovechó para oler el cuello de la hembra. En ese instante, ella se retiró asustada y derramó la copa sobre la alfombra del despacho.

– Mira lo que hiciste, corre por algo para limpiar –gritó el macho enojado.

Ella salió corriendo.

Al volver se agachó para limpiar. Él aprovechó para verle las nalgas. Se encendió, como el toro al ver el rojo, y embistió a la hembra.

La madre de Leona sintió un picotazo en el pecho. Fue tan grande su preocupación que decidió esperar a su hija en la puerta.

Pasaron minutos, horas y más horas. No hubo rastro de Leona.

Ya casi al amanecer del día siguiente apareció.

– ¿Dónde estabas señorita? me tenias con el pendiente –dijo la madre preocupada – ¿Pero qué te ha pasado mi niña? ¿Por qué vienes así?

Leona no dijo palabra alguna, simplemente empezó a llorar y abrazó a su madre con mucha fuerza.

Ese día Leona no se levantó de cama, durmió todo lo que pudo. Cuando despertó trato de olvidar las imágenes, de borrar olores y sensaciones. Le preocupaba lo que pudiera suceder, por su madre y sus hermanos. Lloró y pidió no haber quedado embarazada.

Los siguientes días parecía muerta. Su madre le dijo que denunciara al agresor. Que le avisara a la Señora para que no perdiera el trabajo. Ella a momentos sólo quería morir. Entonces reaccionó cuando sus hermanos le pidieron caramelos. Los miró a los ojos y les dijo que iba por ellos. Su madre le gritó, ella puso play, mentalmente, a su canción favorita.

Entró a la tienda de dulces, compró los que le recordaban su infancia, esos que su papá le compraba todas las tardes por haber terminado la tarea. Salió de la tienda, vio el cielo, corrió al campo y comió los dulces. Se quedo dormida. Anocheció.

Al despertar se asustó y anduvo como loca, se sintió perdida, perseguida. Cayó al suelo. Unas sombras se acercaron a ella. Gritó. Vio en su rostro la cara de su agresor. Se levantó. Las sombras la siguieron, le gritaron cosas en un lenguaje extraño, querían poseerla. La tiraron al suelo. La tocaron, la olieron, la besaron. Entonces una hembra armada con un falo entre sus piernas la ayudó. Disparó su escopeta al cielo. Las sombras salvajes corrieron al campo. La hembra fálica le dio la mano. Leona la observó de pies a cabeza y recordó una historia que le contó su padre cuando ella iba a cumplir 15 años.

Su padre le contó a Leona que los Jaudus nacen sin caracteres sexuales. Es durante la Ceremonia de Asignación Sexual que la orden de poder determina el género para los críos de 15 años, según lo que requiera la sociedad, para que exista una equidad. Pero a veces la naturaleza reacciona por sí sola y no le importan las leyes, ni las decisiones mortales. Es así como surge un tercer sexo. Hembras con órgano fálico. Se rumora que esto sólo les pasa a las familias que tuvieron relaciones impuras con esclavos. Los seres del tercer sexo son desterrados de la sociedad Jaudu, por considerarlos imanes del fin de los tiempos.

Leona entonces en ese momento estuvo frente a última señal de su vida, según las viejas creencias. Le extendió la mano y dijo:

– Me entrego a ti ser de muerte y que se haga tu voluntad –Luego se desmayó.

Cuando reaccionó estaba en un humilde cuarto. Afuera de éste, se escuchaba un gran alboroto. Abrió la puerta y bajó las escaleras. Vio a muchas hembras fálicas que bailaban y cantaban muy contentas. Algunas se deslizaban por tubos, bailando para otras. Unas más estaban en la barra, bebiendo sagen y fumando hierba santa. Le dio miedo al ver que todas tenían el miembro viril erecto.

– No temas, nosotras no te haremos daño. Me llamo Dalia –dijo la hembra que la rescató.

– ¿Qué es este lugar y quiénes son ustedes? –preguntó Leona.

– Bienvenida al Arca. Somos una comunidad de mujeres excluidas de la sociedad, por haber sido ultrajadas por machos salvajes o de un alto rango, pero vilmente ignoradas. Somos como tú –en ese momento Dalia se desnudó y cayó de entre sus piernas un cuerno de Tauronilo.

– ¿Qué es eso? –preguntó Leona asombrada.

– Un falo de mentira. Existe una leyenda que dice que un Jaudu de nombre Mael se rebeló contra las leyes impuestas porque quería ser hembra, pero no quería ser ultrajada como su madre, su abuela y todas las féminas de su familia. Entonces la castigó la divinidad con el crecimiento de un falo erecto entre sus piernas, lo que ocasionó que jamás un macho la tocase y por ende, no tuviera descendencia.

– Sí, algo llegué a escuchar de mi abuela, pero nunca supe la historia bien.

– Pues esa historia es real. Ven conmigo: te presentaré a Mael.

Ambas subieron al tercer piso de aquel lugar. Ahí conoció a la leyenda.

– Supongo que Dalia ya te contó de mí.

–Sí, un poco.

– Bien deja que te cuente mi historia completa. Desafié las leyes de nuestra nación y tuve un castigo. Mucho tiempo me sentí una basura, pero gracias a Dalia y a todas las hembras que ya viste, encontré mi destino. Rescaté a Dalia de machos salvajes que abusaron de ella, así juntas ideamos el plan de usar cuernos de Tauronilo en nuestra entrepierna para que las hembras violadas los usaran y que nunca más fueran abusadas. Es así como nace el Arca. Ahora que has llegado tú, nuestro destino está a un paso más de concluirse.

Durante varias noches Dalia y Mael le contaron el plan a Leona de invadir Ugadú para acabar con el Rey, sus absurdas leyes y su manera tan asquerosa de tratarse unos a otros.

Eligieron invadir Ugadú la noche en la que el Abish heredaría la corona a Artol, quien estaba por cumplir 15 años. Debido a la enfermedad del Rey. Éste tenía que ceder en vida la corona mayor a su primogénito, si no caería la extinción de todos los Jaudus. La ceremonia estaba por comenzar y toda la nación estaba presente.

El Rey se quitó la corona y la iba a poner en la cabeza de su primogénito cuando se escuchó una voz familiar.

– Alto padre. Si entregas la corona a manos equivocadas, nuestro pueblo también caerá en extinción. Esa misma por la que hace años me desterraste para proteger a tu pueblo o mejor dicho para protegerte a ti –dijo Mael, mientras ella y las mujeres fálicas caminaban hacia el Rey. Los pobladores se apartaron asustados.

Abish entró en pánico y negó nuevamente a su hija. Ordenó a los soldados a que mataran a las invasoras. Una guerra comenzó. El Rey, su hijo y su esposa escaparon. Mael y Dalia fueron tras ellos. Mientras tanto, Leona buscó a su familia, los observó y corrió a abrazarlos. Se dio cuenta que su madre ya había tenido a su nuevo hermano. Los besó y se despidió.

– ¿A dónde vas? –gritó la madre.

– A dar fin a nuestro sufrimiento –contestó Leona orgullosa.

Se marchó como Jaguar en caza para alcanzar a Mael y Dalia. Las tres se enfrentaron con los soldados, luego con los sacerdotes y al derrotarlos a todos, entraron al Palacio Real. Ahí los esperaba el macho mayor, en sus manos tenía una escopeta Jaudu con salvas de Sauria

– No creas que tu arma nos asusta –dijo Mael sin temor –En todo caso, no nos puedes disparar a las tres.

– Pruébenme –respondió Abish con gran seguridad

Todo pasó tan rápido, la ira, el miedo y un carrusel de emociones inundaron la habitación. Después de ese juego de luces, sonidos y velocidad se pudo observar el resultado del enfrentamiento.

Dos cuerpos sin vida, un corazón herido y un alma en paz.

Días después todo el pueblo se enteró de las noticias. El Rey fue asesinado por Mael, después de que éste matara a Dalia en un intento por proteger a Leona.

La primogénita de Abish fue trasladada a una prisión de máxima seguridad. Sin embargo, su fin se cumplió, los Jaudu de rango bajo y algunos de rango medio se unieron a las hembras fálicas y se desató la revolución. Toda Ugadú se volvió un caos.

Tiempo después se llegó a una tregua y se modificaron las leyes. Finalmente cada quién era libre de decidir su sexo, se eliminaron las etiquetas sociales, se castigaba lo justo y se elegía un Presidente. Los sacerdotes y los militares no interferían en las decisiones del pueblo. Todo se unifico, al menos por ahora.

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