Historia del libro

SONY DSCHubo un tiempo en el que los hombres no escribían. Hubo un tiempo en el que el ser humano transmitía sus conocimientos mediante la palabra hablada. Las mujeres y los hombres de aquellos tiempos narraban, enseñaban y pensaban sin escribir. Y poco a poco fueron plasmando sus ideas sobre soportes duraderos, como la piedra de las paredes de las cuevas en las que dormían y se protegían de otros depredadores. Después la piel de sus presas sirvió como base de los primeros intentos de plasmar en algo más que dibujos lo que pretendían expresar. Lascas, tablas de madera, de arcilla o de cera, todo podía servir como fondo de los nuevos símbolos que iban surgiendo en las incipientes civilizaciones del Creciente Fértil, Egipto y China.

Aunque las fechas no pueden ser precisas, parece aceptado que fue el cuarto milenio a.C. el que vio los primeros escritos realizados por el ser humano. Egipto, la tierra del Nilo, pasó de la piedra y la madera al papiro y consiguió un soporte ligero, resistente y fácil de transportar, que fue muy utilizado por las grandes culturas del Mediterráneo. En Sumeria se escribía sobre tablillas de arcilla mediante un sistema que hoy llamamos cuneiforme porque los símbolos recuerdan a pequeñas cuñas de forma triangular. En China, unos siglos más tarde, se utilizó el bambú, abundante en aquellas tierras, y la seda para hacer perdurar las palabras. El papiro se enrollaba y se desenrollaba como un largo panel en el que leer el texto; las tabillas de bambú se unían con hilos y se extendían como los papiros. La arcilla se cocía después de escribir sobre ella.

Poco a poco se fueron descubriendo mejores soportes y la madera, la arcilla y el papiro dejaron paso al pergamino. Era un material más costoso de elaborar en un primer momento pero ofrecía más ventajas. La piel de un animal era la base que debía tratarse para lograr una superficie que podía usarse por ambos lados, que permitía borrar lo escrito o dibujado mediante raspado y que dio la oportunidad al codex, al códice, el libro que hoy conocemos, un formato de encuadernación mediante pliegues y cosidos que permitía una mayor agilidad en el manejo para la lectura, así como un almacenamiento más fácil y seguro para el propio libro.

Hasta mediados del siglo XV los libros se escribían y copiaban por encargo, sobre todo en monasterios donde los monjes dedicaban gran parte de su tiempo a reproducir textos y dibujos de obras religiosas o históricas fundamentalmente. Pero alrededor de 1450 hubo un hombre que creyó que podría copiar una Biblia en mucho menos tiempo que el más rápido de los copistas. Johannes Gutenberg creó un sistema de impresión mediante tipos móviles, letras realizadas en plomo a partir de moldes de madera, que plasmaban su silueta tintada sobre el papel mediante la presión que se ejercía sobre ellas con una prensa. Antes se habían hecho cosas parecidas con plantillas de madera, pero se estropeaban muy pronto, mientras que el plomo resistía el uso y el paso del tiempo a partes iguales. El mecanismo de tipos móviles facilitaba el trabajo de impresión, reducía los tiempos y permitía una gran calidad en el resultado. La Historia estaba a punto de cambiar.

En menos de un siglo la imprenta se extiende por Europa e incluso llega a América. Desde la invención de la imprenta y la fabricación en serie de libros, el conocimiento empieza a saltar muchas de las barreras sociales y económicas que limitaban su expansión. Ahora hay más ejemplares de las obras publicadas, no hay que esperar meses o incluso años a ver finalizada una edición y los precios se reducen, dando acceso a más gente.

Han tenido que pasar casi 600 años para que haya un nuevo tipo de soporte para el libro, el electrónico. Quizá también la Historia esté a punto de cambiar.

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