Historia de dos ciudades

historia de dos ciudades“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo”

Charles Dickens publicó Historia de dos ciudades en 1859, setenta años después de que se desatara la Revolución francesa. Pero la narración da comienzo en 1775; y la vida en paralelo de Londres y París se convierte en un crudo relato de uno de los momentos cruciales de la Historia. La Revolución industrial había cambiado el mundo occidental en todas sus facetas; había nacido una burguesía fuerte, se había reducido el poder de la aristocracia, pero seguía existiendo una capa social baja y mayoritaria que malvivía en unas condiciones muy duras y carentes de oportunidades de mejora, dependiente por completo de las capas anteriores. Y Dickens temió que el futuro de Inglaterra pudiese estar abocado al pasado de la Francia revolucionaria.

Si algo destaca en la obra es la crudeza con la que se narran los acontecimientos azotaron París durante la Revolución. Dickens presenta unas turbas enfurecidas, sanguinarias y desalmadas que arrasan con la ciudad y con aquellos habitantes que parecen merecer la muerte. Y la encuentran, en decapitaciones o linchamientos, como final que casi le parece apropiado al mismo autor por el maltrato al que han sometido a las clases más bajas durante siglos. Muchos ven un atisbo de advertencia o de augurio para la sociedad inglesa de mediados del siglo XIX ante los titubeos del régimen de Napoleón III en Francia.

La obra presenta un período de destrucción y de terror como precio y consecuencia de la Revolución, de la búsqueda de la igualdad, de la justicia y de una vida mejor para todos los ciudadanos. Y los retratos que sustentan la obra muestran a una clase obrera, pobre y maltratada por las clases que rigen el país que exige que esta situación dramática y descarnada termine, sea como sea. Dickens maneja magistralmente la descripción de los personajes, de las situaciones, de las emociones y los escenarios que pueblan una obra maestra de la literatura universal.

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