El ratoncito de la biblioteca encantada

ALICIA DEL VAL CAMACHO

El ratoncito del a biblioteca encantada

Comanche era el ratoncito de la biblioteca. Cada noche cuando la cerraban, se metía dentro de un libro y aprendía nuevas cosas y vivía muchas aventuras. Se lo pasaba muy bien. Yo, que soy su amigo el piojito, eterno inquilino de su cabeza, me acuerdo de una historia que fue alucinante y os la voy a contar.

Hace 3.300 años los picapiedras habitaban cuevas oscuras y escalofriantes en montañas que llegaban casi hasta el cielo. Un día el jefe de la tribu decidió que en barcas de madera navegarían río abajo y llegarían al lejano Oeste. Cuando llegaron se encontraron un montón de animales que no tenían nombre y a un gato grande con manchitas lo llamaron “guepardo”. A un guepardo muy pequeño le pusieron “gato”. A un animal flaquito y alto como una palmera lo llamaron “jirafa” y así fueron nombrándolos hasta que se hizo de noche. Los picapiedras cogieron unas enormes hojas y un tallo también enorme y se hicieron una cama gigantesca: el tallo de almohada y las hojas de sábanas.

El señor Búho se enfadó muchísimo porque a él aún no le habían puesto nombre y pensó: “Tengo una idea genial. Como soy nocturno, haré una reunión ahora”. Así empezó la reunión. Allí estaban el guepardo, el tigre, el león, la hiena, el lobo, el buitre, el halcón y el águila. Al león no le gustaba su nombre. El guepardo, el tigre y la hiena pusieron pegas al suyo. El lobo, el águila y los otros dos protestaban porque sus nombres les parecían horrorosos. El Búho dijo: “Los que me ayuden con mi plan malvado tendrán una recompensa”. Y empezó a contarlo: “Veréis, aquí estamos nosotros, y aquí están ellos. Nos acercaremos sigilosamente y secuestraremos a las mujeres y niños del poblado”.

Una vez secuestrados, los escondieron atados con hojas gigantes de palmera en unas barcas de madera que echaron a la mar. Al día siguiente, los hombres buscaron y requetebuscaron por todas partes, pero no los encontraron. Hasta que un hombre muy listo muy listo no buscó sino que miró hacia la mar y vio unas barquitas flotando sin marineros que le parecían sospechosas y gritó:

-¡Venid aquí todos, rápido!

-¿Qué quieres? Estamos buscando a nuestras mujeres e hijos -le contestaron al unísono.

-Me parece que esas barcas son sospechosas.

-Es verdad. ¿Quién puede haberles escondido? Pensemos…

-Quizá hayan sido el guepardo, el león, el halcón y el águila, porque protestaron mucho por los nombres que les pusimos. Vayamos a ver qué hay en las barcas.

Justo entonces apareció el águila, quien les dijo:

-Habéis acertado. Pero no podréis salvar a vuestra familia si no adivináis esta adivinanza: “En este banco hay un padre y un hijo, el padre se llama Pedro y el hijo ya te lo he dicho”.

Pensaron todos y el más listo, de nuevo, respondió:

-¡¡¡Esteban!!!

-De acuerdo, has acertado, pero la próxima vez me vengaré -amenazó el águila, retumbó una carcajada, y se volvió carnívoro para toda la vida.

Ellos fueron nadando y alcanzaron las barcas, los soltaron y regresaron.

Después nombraron jefe de la tribu a Petrus Antrucus Distrucus -gracias al cual los salvaron- por ser el más listo y observador.

Mañana pregunta a tu profesor de historia qué ocurrió allá por…, bueno, hace 3.300 años. Yo, el piojo, me vuelvo con Comanche y vamos a celebrar una gran fiesta de almohadas con ratoncitos y piojos de otras bibliotecas… ¡Ay! ¡Zas, zas!

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