De Perseidas, Draconidas y Oriónidas (lluvia de meteoros)

MARÍA CLAUDIA MOLINA

(San José de Guaviare, Colombia)

De Perseidas, Draconidas y Oriónidas (lluvia de meteoros)

Desde la cúpula, Proción buscaba con la esfera armilar un cuásar o una Nova que le diera los indicios de la trayectoria recorrida por su hijo Erídano. Dicen que hace más de tres mil millones de años le vieron unos plutonianos, transportado por un bólido, a través del espacio sideral y que, probablemente, cayó en un agujero negro supermasivo.

El progenitor no ha desfallecido en su búsqueda, motivado por el principio de incertidumbre que lo ha mantenido inmerso en un horizonte de sucesos. Preparó un viaje inter-estelar desde la misma desaparición, cuyo recorrido superaba la distancia de 890 ± 4 años luz en dirección de la asociación estelar de zeta Herculis.

Guiado por la Carta celeste emprendió un itinerario superluminal (más rápido que la luz), a bordo de un bólido adecuado para tal propósito. Comenzó la exploración de diversas galaxias; elípticas, espirales e irregulares y, junto con sus instrumentos de navegación, no se extravió en el espacio cósmico.

Se dirigió hacia la galaxia enana de Aquarius donde debía conseguir suficiente energía del vacío cuya propiedad es disipar agujeros negros. Le fue de ayuda el viento solar que rápidamente lo condujo a la pierna izquierda de la constelación que le serviría de entrada a la galaxia. Por aquellos corredores estelares observó peces de neón y de variados colores que le señalaban el camino para llegar hasta Ganimedes, el custodio de la zona.

Al encontrarlo, el anfitrión le ofreció un cosmic cream que le sentó bastante bien luego de semejante trayecto. Proción le comentó el motivo de su visita, conseguir energía del vacío cuya propiedad es disipar agujeros negros, posiblemente en alguno de ellos se encuentra el hijo extraviado. Pero en esta galaxia se había agotado aquel factor y fue enviado a la Constelación de Virgo.

Retomó el curso a su nuevo destino cruzando el mar de Fermi donde, gracias a una dracónida (tormenta de meteoritos), debió cubrirse con su abrigo septentrional. La tormenta causó un leve daño en el bólido adecuado para realizar el itinerario superluminal, lo que ocasionó en Proción un estado cuasi-histérico, puesto que tal situación podría quitarle minutos luz de su preciado tiempo-espacial. La reparación con un acelerador de partículas fue breve, pero para neutralizar su estado de ánimo tomó un par de píldoras astrales quedando el sujeto cuasi-estable.

Navegaba por la Cabellera de Berenice, entre las más de mil trecientas galaxias que conforman el Cumulo de Virgo; se dirigía hacia el centro del mismo, a la galaxia M87. Debía reducir la velocidad de su bólido adecuado para el itinerario superluminal ya que la forma espiralada del conglomerado estelar, que daba paso a su destino, contenía un campo gravitacional que lo sacudía fuertemente, además de las altas temperaturas generadas por el plasma que conformaba aquel medio intergaláctico.

Al llegar a la galaxia M87 fue recibido por la bella Erígone, hija de Icario, que al escuchar su historia le comentó que divisó a su hijo transportado por el bólido alrededor de tres mil millones de años atrás, encaminarse hacia un universo adyacente. Mientras decía estas palabras le señalaba con su delicado dedo índice la dirección hacia la que debía conducirse, para encontrar el agujero que lo llevaría a aquel universo.

Al marcharse Proción, Erígone le obsequió un par de espigas solares que contenían energía del vacío cuya propiedad es disipar agujeros negros y al brindis de un coctel Bing-Bang Blush, ésta le auguró éxitos en su travesía.

Se dirigió al camino señalado sin mayores contratiempos. Al observar en su carta celeste que se ubicaba cerca de agujeros negros, tomó el radiómetro diferencial de microondas que le indicaría cual era el agujero apropiado que lo conduciría al universo adyacente. Al constatarlo, decidió examinar la radio entrada encontrándose con un guardia de aspecto cuasi-hostil, lo que lo dejó un poco cuasi-preocupado, por lo que se vio en la necesidad de tomar nuevamente sus píldoras astrales.

Siguió husmeando por la ergósfera (límite de los agujeros negros), mientras diseñaba un plan para sobornar al guardia. En su recorrido se encontró con la caída de un Chorro de plasma colimado, aprovechó aquella oportunidad para refrescarse un poco y se sumergió en él, se sorprendió al percibir que aquel chorro tenía el poder de transformar su estado corpóreo en un estado gaseoso, lo que le hacía invisible. Recolectó en un recipiente gran cantidad de la sustancia mágica y, sin ser identificado, logró ingresar por la radio entrada que inmediatamente, y junto con la ayuda de las espigas solares, lo condujeron por el hiperespacio que conectaba con universos paralelos.

Poco a poco se vio sumergido en un ambiente terrenal. A cada creatura con la que se encontraba, fuera humanoide, plutoniano, saturniano, jupiteriano, insectos, animales o plantas, preguntaba por su hijo Erídano; una de esas creaturas a las que preguntó fue a sí mismo, que habitaba en esa dimensión. De esta manera se enteró que el bólido que transportaba a su hijo estalló en mil pedazos convirtiéndose en una Perseidas (lluvia de meteoros).

En medio del ocaso se divisaba Jupiter con sus 63 satélites causándole una fuerte cuasi-nostalgia, al tomar una de sus píldoras astrales percibió muy lejana la voz de su hijo. Se dirigió hacia la fuente del sonido y en unas horas-luz lo encontró. De sus ojos escurrieron unas gotas de líquido orgánico, pero al acercarse a aquella creatura descubrió que se trataba de un espectro de su hijo, quien le señaló el lugar donde se encontraba el verdadero estado corpóreo de Erídano. En la constelación de Orión.

Atravesó nuevamente el hiperespacio con su bólido adecuado para el itinerario superluminal y, haciendo uso del chorro de plasma colimado que tenia de reserva y de las espigas solares, salió de aquel agujero negro y rápidamente se dirigió a la constelación de Orión. Cruzó la faja celeste y para acortar distancia tomó un atajo por un agujero gusano el cual se traspasaba por unas cuerdas cósmicas. Allí dentro fue transportado por una espuma cuántica y de este modo llegó al brazo de Orión.

A lo lejos se veía un cúmulo de basura espacial que bordeaba la capa boreal del planeta tierra, cruzó por el mar de Dirac en medio de Oriónidas (lluvia de meteoritos) y el universo, aliándose en su propósito, lo condujo de manera expedita, entre gigantes azules, gigantes rojos, gigantes naranja, enanas amarillas y estrellas amazonas.

Y ahora Proción se encuentra en una cúpula en Mintaka, una de las tres grandes estrellas que conforman el cinturón de Orión. Es consciente de que pronto logrará su cometido, esperará la llegada de Apolo y Artemisa quienes le llevarán al lugar en el cual, unos pocos años luz atrás, conocieron a Erídano.

Recorrieron por un mes luz las nebulosas M40, M42 y M43, Proción en su bólido adecuado para el itinerario superluminal y Apolo y Artemisa en el cometa Halley. Al llegar a la nebulosa Cabeza de Caballo observaron a un anciano solitario llamado Híreo que regaba de rocío de energía blanca unos retoños de estrellas Amazonas.

Apolo y Artemisa le presentaron a Proción a quien el anciano da un fuerte abrazo rodeado de un aura azul, manifestándole que Erídano fue para él como el hijo que nunca tuvo. Híreo los dirige hacia el hijo extraviado. Al llegar a una zona colindante con la constelación de Tauro se detienen ante un río, y el viejo Híreo toma entre sus manos agua de aquel manantial y la riega sobre la cabeza de Proción diciéndole -Aquí tienes a tu hijo, son las aguas del rio Eridanus formado por la lluvia de meteoritos debida a la explosión del bólido que lo transportaba-

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