De otro mundo

GUILLERMO MARTÍN

De otro mundo

Ahora que leo las amarillentas páginas de este viejo cuaderno, aún no creo que contengan en ellas la sorprendente historia, escrita todo el tiempo en lápiz de color rojo, por la mano que garabateó desesperadamente cada una de sus letras. Esa espeluznante mano que ahora me persigue cada noche en las pesadillas de mi entrecortado sueño.

Lo obtuve en una noche en la que la lluvia deprime y no quería siquiera saber qué hay más allá de las gotas que caen, algunas con persistencia y otras con impertinencia.

Traté de apresurar el paso, pero el pantalón mojado se pegó aún más a mis piernas y las amarró fuertemente. La noche comenzó a hacerse tan intensa que ya no veía nada, ni el vehículo que pasó a gran velocidad por toda la mitad del charco de fango y lo desocupó sobre mi empapada humanidad. Lo maldije mil veces con un ahogado silencio, porque con la torrencial lluvia, no me salieron palabras para blasfemar y cuando retiré parte del fango de mis ojos, frente a mí se dibujó una negra silueta que me paralizó del susto.

Era un indigente que reciclaba basura y que empujaba un pesado carrito de madera en el que transportaba todo el producto de su trabajo recolector de desperdicios. El hombre se apiadó de mí y extrajo un viejo cuaderno de su humilde carretilla llena de cartones y baratijas, sin mediar palabra me lo entregó, mientras que silenciosamente me indicó que arrancara las hojas y que con ellas me quitara el barro que me convertía en un espectro más de la oscura calle. Luego desapareció misteriosamente en la negra noche mientras yo le agradecía mentalmente.

Hoy trato de recordar cuántas hojas arranqué esa noche para saber qué fue lo que ocurrió realmente. El cuaderno duró algunos meses perdido, pero ahora que ordeno mi casa lo acabo de encontrar y con mucha curiosidad lo abro y comienzo a leer la entrecortada y extraordinaria narración.

*             *             *

Todo comenzó a principios del año, cuando yo intenté tomar unas vacaciones que por fin había podido organizar por un par de semanas. Cuando subí al tren y entré en el vagón que me habían asignado, un hombre salió de él con varias valijas y descendió rápidamente del tren, yo me ubiqué cómodamente y al tratar de organizar mi equipaje, noté que el pasajero que acababa de salir, había olvidado una pequeña maleta que estaba fuertemente cerrada con una chapa que se abría mediante una clave numérica.

Tomé la maleta y traté de alcanzar al pasajero, pero el tren inició su rápida marcha y en segundos desapareció de la estación donde yo lo había abordado. Pensé que cuando regresara de mis vacaciones, buscaría al dueño del portafolio y se lo devolvería, así que me acomodé y traté de disfrutar del paisaje que me ofrecía el viaje.

Tras registrarme en el hotel, subí a mi habitación desempaqué, tomé un duchazo y me recosté en la cama, el sueño me hizo profundizar y solamente tres horas después desperté sobresaltado.

Bajé al restaurante donde había unos pocos comensales y allí también me encontré con una hermosísima mujer que, en solitario, tomaba un helado con cucharadas muy pausadas. Su belleza me impresionó tanto que decidí hablar con ella y le pedí que me permitiera acompañarla, a lo que la joven aceptó y con mucha amabilidad me invitó a sentarme al lado de ella.

Fue una bella amistad y, se podría afirmar que relación amorosa la que surgió desde ese momento entre los dos, algo hermoso pero efímero, pues solamente duró hasta la tarde del sábado cuando pedí al mesero que nos sirviera dos cocteles y mientras atendía una llamada desde mi teléfono móvil, la hermosa Ruby tomó un trago y cayo sin sentido en el frío suelo del restaurante del hotel.

Cuando vi que ella estaba muy pálida la recogí y me di cuenta que algo malo también podría pasarme, entonces la cargué y silenciosamente la llevé a mi habitación, cuando subía por la escalera con ella en mis brazos, me tropecé con dos hombres que bajaban corriendo y pasaron a mi lado sin detenerse. Al entrar a la alcoba, noté que la puerta estaba entre abierta, entonces apresuré el paso y vi que todas mis cosas estaban desorganizadas, acosté a la bella Ruby en la cama y revisé todo el cuarto. No se habían robado nada.

Sospeché entonces que el incidente tenía que ver con el maletín, pero como yo lo había ocultado muy bien, no lo encontraron. Lo ubiqué en el fondo de una cómoda y me di cuenta que allí se encontraba tal y como yo lo había dejado, entonces cerré la puerta y procedí a destaparlo.

Cuando corté con mi filosa navaja las correas que lo ataban, cayó al piso un raro objeto que al contacto con el suelo vibró de una forma extraña, mientras emitía un insólito zumbido. Sin prestarle mucha atención lo recogí y lo puse sobre la mesa, luego extraje los documentos que quedaban dentro de la maleta y comencé a leerlos. No sabía que ese era el inicio de mi desgracia.

Casi una hora después, cuando había abordado el autobús que me llevaría a otra ciudad, en la intimidad de mi silla aún yo lloraba a la hermosa Ruby, pues al leer el contenido de los documentos, supe que solo tenía una posibilidad de huir de allí, de lo contrario hubiera corrido con la misma suerte de la muchacha. Pobrecita, yo había abandonado su cadáver en el cuarto del hotel.

Según había calculado, el viaje duraría unas cinco horas más, entonces me dispuse a dormir y cuando me acomodé en mi silla, fue cuando sentí que una fuerte mano aprisionó mi cara hacia el espaldar de la silla y tapó mi nariz con un trapo impregnado de un fuerte olor, entonces no supe más de mí.

*             *             *

– Dónde está el contenido del maletín -, fue lo primero que escuché al despertar. Al principio vi todo borroso y oscuro a mí alrededor, pero pronto me di cuenta de lo que estaba pasando. ¿Dónde están los folios impresos en papel y el localizador?, ¿Dónde está el maletín?– me dijo el gorila vestido de verde, con la intención de volver a golpearme.

– No sé de qué me habla, dije, mientras recibía constantes golpes en la cara. Regáleme agua, mi garganta no puede más de la sed– le dije en tono de súplica. El matón me miró con odio y me dijo que si no hablaba, en ese instante me mataría, con gran terror insistí en decir que no sabía de qué me hablaba. Así que el hombre, que no estaba solo, siguió propinándome una golpiza hasta que quedé inconsciente.

Fueron horas de constante tortura en las que siempre perdí el sentido, pero me volvían a despertar lanzándome agua en la cara y continuaban el interrogatorio y las golpizas. Calculo que fueron unos tres días con sus noches los que permanecí encerrado en ese oscuro lugar. Cada vez que me despertaban para el interrogatorio permanecía bien lúcido por algunos minutos, mientras comenzaban a golpearme.

Era entonces cuando aprovechaba para observar el lugar donde estaba encerrado y así intentar escapar, pues si no lo hacía, jamás saldría vivo de allí. Conté los ocho maleantes que me tenían secuestrado y las armas que portaban. Luchar contra ellos era imposible, pero debía encontrar el momento apropiado para huir de la mazmorra donde me tenían encerrado.

En uno de los momentos en los que les hice creer que estaba desmayado, hablaron entre sí y comentaron que pensaban que de verdad yo no sabía el paradero del maletín y que había llegado el momento de eliminarme. Eso me asustó mucho y me hizo pensar que debía fugarme cuanto antes, igual, que no tenía mucho que perder.

Cuando los hombres dejaron solo a dos de sus compinches cuidándome, uno de los matones le propuso al otro traer algo de beber, me dieron una ojeada y al ver que no me movía salieron por la bebida. Sin pensarlo, me incorporé y comencé a buscar con qué soltar mis ataduras, encontré un vaso de vidrio en el piso, muy cercano al sillón en el que me tenían y sin dudarlo lo rompí y rasgué la cuerda que me ataba. Tomé los trozos de vidrio del vaso que minutos antes me había liberado de mis ataduras y me oculté tras la puerta.

Cuando ésta se abrió, me abalancé sobre el primer hombre que entró y lo herí de muerte en la yugular con el fondo del vaso roto. El matón lanzó un grito y se aferró con las dos manos a su garganta, mientras tanto, el otro hombre buscó desesperadamente su arma en el bolsillo interior de su chaqueta, pero como ésta se le enredó, entonces tomé el otro pedazo de cristal y se lo clavé en el rostro, en medio de su desesperación avanzó hacia una mesa, extrajo una jeringa y me la clavó hasta agotar un amarillento líquido que contenía, era algo tóxico que ahora me tiene al borde de la muerte.

Deambulé por horas hasta cuando llegué a una carretera y le hice señas a los vehículos para que me recogieran, pero nadie se apiadó de mí, pronto mi organismo dejó de funcionar, caminé algunos pasos más y caí sin sentido.

Al despertar estaba en un lujoso apartamento, recostado en una cómoda cama, bañado y curado. Me sobresalté y al tratar de incorporarme fue cuando me percaté de la presencia de una hermosa chica, cuyo rostro me era familiar. -¡Erika!- casi grité, mientras me abalanzaba a sus brazos.

Cuando me recuperé, la joven me pidió que le contara lo ocurrido, cosa que hice detalladamente, entonces decidió llamar a un médico, pero tras muchos exámenes, el facultativo no supo qué elemento tóxico me habían inyectado.

– Tenemos que rescatar el maletín del lugar donde lo escondiste cuando saliste del hotel -, me dijo Erika, así que, como a ella no la conocían los que trataron de matarme, la hermosa joven viajó al lugar donde yo lo había ocultado y lo trajo esa noche a su apartamento.

 

Juntos leímos detalladamente los documentos, pero lo que no nos quedaba claro era el lugar donde la nave iba a aterrizar, así que Erika optó por pedir ayuda a un físico amigo suyo y exprofesor de universidad. Aunque yo no confiaba en nadie en ese momento, no nos quedaba otro camino.

Para el profesor Valdemar no fue sorprendente lo que le narramos, el contenido de los documentos del maletín, ni del extraño objeto que vibraba. A Erika y a mí lo que más nos emocionaba era pensar que la tecnología que traían los “viajeros” nos podían ayudar a salvar mi vida de la intoxicación de la que era víctima. El profesor nos dijo que en menos de una semana la nave iba a llegar a contactarse con quien tuviera el localizador (el aparato que vibraba), era por eso que muchas fuerzas oscuras estaban detrás de él, pero ahora éramos los privilegiados de conocer a los seres de otros mundos que pronto iban a visitar la Tierra.

Fue por esos días cuando decidí comenzar a escribir este diario, entonces me llevé un cuaderno y un lápiz rojo, para consignar semejante aventura que, espero, algún día sea conocida por la humanidad.

El día de la “cita” el profesor Valdemar llegó muy temprano al apartamento de Erika, partimos apresuradamente y luego nos contó que íbamos hacia un desierto, que era el sitio elegido por los visitantes para aterrizar.

Instalamos nuestro campamento y nos dispusimos a esperar a los extraterrestres. Pasó la noche y nunca nadie llegó, así que regresamos en silencio a la ciudad, creímos que era una farsa de Valdemar. Volvimos a saber del profesor dos semanas después, cuando llegó a altas horas de la noche y nos dijo que nos marcháramos hacia una gran laguna, porque nos buscaban para matarnos. Que él había revisado muy bien los documentos y que esa noche llegarían los extraterrestres.

En la madrugada llegamos al sitio señalado, de nuevo armamos las carpas y utilizamos los mismos elementos que habíamos llevado al viaje anterior. Ya en la noche estábamos dentro de la carpa cuando vimos un gran fogonazo, parecía que la fogata se hubiera multiplicado mil veces, pero se apagó en cuestión de segundos.

La tienda estaba toda iluminada por una extraña energía que nos rodeaba, con cierto temblor en mi voz les dije que saliéramos, que los “viajeros” ya habían llegado.

*             *             *

Me atrevería a decir que la nave tenía el tamaño de un estadio de fútbol, a su alrededor emanaba un extraño fenómeno eléctrico que la iluminaba, era una luz azulosa con una intensidad permanente. Su colosal estructura flotaba sobre las aguas de la laguna y le daban al paisaje una increíble apariencia.

Erika, el profesor y yo estábamos atónitos por lo que veíamos, era una mole de metal semejante al oro, su apariencia era la de una araña gigante, tenía seis patas que despedían un halo invisible a gran presión, posiblemente era algún gas que sostenía la nave a flote sobre las aguas, pero no hacía contacto con el líquido en ninguna de sus partes. Tampoco se veía ventana alguna, todo parecía detalladamente ensamblado y su estructura despedía calor y un fuerte olor parecido al alcohol medicado. La detallamos bien pero no veíamos puertas ni a nadie que la tripulara, tampoco se escuchaba sonido alguno, a pesar de que el halo que emanaba de sus patas para sostenerla sobre la laguna, salía a gran presión y creaba impresionantes perforaciones en el agua que producían espuma y una gran estela de olas.

De pronto la nave se elevó un poco, mientras se abría una gran puerta, que al descender, se convirtió en una larga escalera de color del oro que la hacía ver mucho más majestuosa. Mientras eso ocurría, el profesor se tomó la cabeza a dos manos y se tambaleó, luego se repuso y nos dijo que se acababan de contactar con él telepáticamente, que nos invitaban a subir y que camináramos sobre el agua.

Con cierto miedo hicimos caso y bajamos a las aguas de la laguna y, en efecto, todos flotamos sobre ellas. Yo sentía como si caminara sobre una superficie mullida, como si el piso fuera de tela, pero muy empapada, además era muy resbalosa, tanto que en varias ocasiones estuvimos a punto de perder el equilibrio. Pronto estuvimos dentro de la gigantesca nave. El interior era majestuoso, estaba construido de un material fuerte pero acolchonado, pintado de vistosos colores fosforescentes. Todo lo que allí había era desconocido para nosotros, comentábamos en voz baja sobre cada cosa tratando de adivinar para qué podrían servir todos esos sofisticados aparatos que quizá sólo verán nuestras próximas generaciones, si es que aún viven.

Aunque creímos que muchas personas nos estarían esperando, nadie se hizo presente por algunos minutos, tiempo en el que recorrimos el lugar y admiramos los inventos que se van a crear en algunos siglos.

De repente apareció Adam. Era un hombre alto y delgado, reflejaba una palidez extrema, los ojos parecían salidos de sus órbitas y sus manos de cuatro largos dedos eran huesudas, carecía de boca, no tenía orejas y su cabeza era mucho más grande que la nuestra, sobre todo en la parte donde se encuentra el cerebro. Su larga capa púrpura y su traje negro, que parecía elaborado en plástico, lo hacían parecer tan enigmático como el Conde Drácula del cine y más aun cuando, careciendo de boca, comenzó a hablarnos.

–Queridos habitantes de la Tierra, hermanos de sangre y de raza, Adam os saluda-.

Nuestra sorpresa fue total, pues cuando escuchábamos lo que nos decía, movía su cuerpo expresándolo, pero no había movimiento alguno de su rostro, menos aún porque no tenía una boca como la nuestra. Aun así, lo seguimos escuchando: –No se preocupen porque no ven en mí los labios moverse, pues nosotros carecemos de boca, lo que ustedes escuchan es nuestro traductor digital, un aparato que recoge nuestros pensamientos, los traduce al idioma que habla nuestro interlocutor y luego lo convierte en impulsos sonoros parecidos a los que emiten ustedes de sus cuerdas vocales, es decir, una especie de diálogo vocal oral, como el que aún utilizan aquí en la Tierra en estas épocas–, decía nuestro asombroso anfitrión. Todos estábamos perplejos, pues como siempre lo pensamos esto era una completa locura.

El enigmático hombre nos dijo que si queríamos saber algo que se lo preguntáramos, que ellos utilizaban la telepatía para comunicarse entre sí en el futuro, además que utilizaban un idioma universal llamado Auguruis, que era una especie de esperanto en la época en la que viven. También nos dijo que iban a permanecer algunos días en la Tierra y que cuando habíamos ingresado a la nave habían creado un escudo que la hacía invisible, el cual la protegía de los curiosos. Eso indicaba que si ellos querían llevarnos sin nuestra aprobación, también podían hacerlo sin que ningún ser humano supiera lo que ocurría. El pensar en eso me produjo un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.

Luego nos enteramos de que nadie más hacía parte de la tripulación, pues según nos lo contó su capitán, el Arca de Noé II no necesitaba de mucha gente que la manejara. Esa era una nave de reconocimiento (como ellos denominan a las que siempre han visitado la Tierra) y había sido llamada así porque era una de las más grandes y completas que han aterrizado en nuestro planeta, desde cuando comenzaron a visitarnos en cada momento de la historia humana. En ellas han venido desde el Arca de Noé I, la nave principal.

Como no hicimos preguntas, Adam comenzó a contarnos que ellos no eran extraterrestres, sino habitantes de la tierra que partieron hace algunos años debido a una epidemia que acabó con la humanidad y que la nave denominada El Arca de Noé I, donde se transportan, fue construida por algunos países industrializados con el fin de enviar a los humanos a otro planeta habitable para repoblarlo y preservar la raza humana.

–Todo comenzó por la desmedida ansiedad de poder de algunos países que ya estaban en la cúpula de su hegemonía contra la de algunos que intentaban salir de su subdesarrollo, la cual los llevó a unirse y tratar de crear nuevas potencias políticas y económicas. Ese enfrentamiento hizo que explotaran desmedidamente los recursos naturales y que utilizaran armas nucleares y luego tóxicas en sus guerras, las cuales, los países creadores mantuvieron en absoluto secreto. A raíz de esto surgieron nuevas enfermedades mortales creadas en laboratorio y los seres vivos que habitaban la Tierra murieron, a la vez que la comida escaseaba y toda el agua potable había sido envenenada. Todo fue muerte y desolación.

Como por ese entonces se había descubierto un planeta cuyas características eran muy similares a las de la Tierra, se pensó en llevar esa colonia allí, para que intentara sobrevivir y de esa manera pudieran preservar la especie que ya estaba a punto de extinguirse del planeta.

Fuimos elegidas cerca de cien parejas que cumplíamos con los requisitos exigidos, de las razas más puras que se encontraron y fuimos instruidos para llevar la mejor cantidad de conocimientos en cuanto a historia, religión, ciencia, política o astrología, entre otras materias. Todo tuvieron que hacerlo muy rápidamente, por lo que en menos de seis meses organizaron lo mejor que pudieron la expedición sin regreso y lanzaron la colosal nave que estaba dotada con todo tipo de comodidades para que pudiéramos subsistir los viajeros humanos, los animales y las plantas. La nave tenía desde cómodos camarotes hasta lugares de recreación para los humanos.

El Arca de Noé contaba con muchos mecanismos modernos que les permitía a sus tripulantes respirar aire puro, beber agua potable o absorber la luz de algunas lámparas instaladas, a través de la piel, las propiedades lumínicas del Sol. Como la distancia que íbamos a atravesar era astronómica, el combustible que se iba a consumir era tanto que no habría masa, en lo que se conoce del universo, para quemarla impulsando los motores, por eso se utilizó uno atómico que fue descubierto por esos tiempos, el cual generaba una gran energía y se auto reproducía de manera que no se requería mucho espacio para su almacenamiento. Con lo que no contamos fue con que nunca encontraríamos algún ser inteligente durante la dura travesía y con que el viaje duró más de lo que se calculó inicialmente.

Con tanto tiempo libre, nos dedicamos a la investigación y llegamos a crear una tecnología muy avanzada y como no teníamos restricción alguna en un viaje en el que las leyes las hacíamos nosotros mismos, llegamos a manipular genéticamente a muchos de los seres vivos que llevábamos.

Con los nuevos descubrimientos en temas médicos logramos realizar sorprendentes trasplantes de órganos entre ellos, es decir, llegamos a ser amos y señores de la genética y como los integrantes de la tripulación estaban tan contentos por mi gestión, decidieron que cuando mi cuerpo estuviera muy viejo y se aproximara mi muerte harían un trasplante de mi cerebro a un cuerpo nuevo y así sucesivamente, de manera que mi mente viviera siempre, aunque mis cuerpos fueran muriendo uno tras otro.

En efecto, así se hizo, en tantas ocasiones, que ya no recuerdo exactamente cuántas veces han realizado el trasplante ni me interesa, a veces creo que ya no soy el mismo que inició este proceso–, dijo como si hablara consigo mismo, pero luego continuó su historia como si nada hubiera ocurrido.

– Con tantos experimentos realizados, logramos la creación del ser humano perfecto para que viajara al planeta de destino y llegara allí sin las taras ni las limitaciones que teníamos los que iniciamos el proyecto.

Los cambios que les realizamos a las nuevas generaciones fueron fundamentales para el cumplimiento de nuestro objetivo. Por ejemplo, nuestros actuales humanos carecen de cuerdas vocales, nosotros nos comunicamos a través de telepatía y utilizamos un idioma que también creamos, al que denominamos auguruis. Como eliminamos de su fisonomía la boca, también hicimos algunos ajustes en su sistema de metabolismo, por lo que ellos actualmente se alimentan mediante el sistema de ósmosis de sustancias nutritivas a través de la piel, obtenidas de los vegetales o de los animales o inanimados humanos.

Ellos no poseen dientes ni algunos otros apéndices que sobran para personas que actualmente habitan en un medio tan hostil como un viaje a través de distancias astronómicas, con gravedades cercanas a cero, carencia de oxígeno natural, de agua y de las ventajas que ofrece la luz solar. Por eso desaparecimos las cejas y las pestañas de sus ojos, su nariz casi es imperceptible, solamente conservamos sus fosas nasales para que obtengan algo de aire, pero en una cantidad mínima, pues su cerebro y su torrente, llamémoslo así, sanguíneo no lo necesitan como lo hace el organismo humano normal. No podemos llamar sangre al líquido que corre por el cuerpo, pues en realidad es una especie de plasma elaborado por nosotros mismos, con los nutrientes necesarios para que su oxidación sea mucho más lenta, ventaja que aprovechamos debido a la escasez de oxígeno que manejamos dentro de la nave, para que su período de vida sea mucho mayor, puesto que su envejecimiento es mucho más lento. Igualmente, este plasma contiene productos antibacteriales para que resistan a cualquier posible enfermedad e infección y el tiempo de metabolismo sin tomar líquido o alimento sea notablemente superior al del hombre normal.

Como podrán ver, los súper humanos que hemos creado en el futuro pueden resistir mucho más que los que ustedes conocen normalmente, pero todo esto lo hemos hecho en pos de llevar a feliz término nuestra loable misión-, terminó de decir Adam.

Valdemar entonces se atrevió a preguntar – ¿Usted afirma que llevan muchos siglos en el futuro viajando y que no han encontrado vida en ningún lugar por donde han pasado?-

– No, solamente vemos a lo lejos un inmenso ojo que nos vigila-, dijo Adam pero Valdemar no lo dejó que nos explicara el significado de lo que acababa de decir y lo interrumpió.

– ¿Si no hay vida en otros planetas, entonces, quiénes son los que siempre nos han visitado y que muchos afirman haber visto?-

– Hemos sido nosotros mismos que, cuando nos dimos cuenta de que, cuando el sol se apaga en unos cuantos años, destruye la tierra y su explosión alcanza la nave El Arca de Noé I con su fuego, entonces tuvimos que crear un sistema para devolvernos en el tiempo y venir a enseñarles todo lo que aprendimos, para que ustedes desarrollen el Arca de Noé I unos siglos antes de que lo hicimos en realidad y así poder salir del sistema solar a tiempo, antes de que su destrucción acabe con la nave-, respondió Adam.

– Pero según se ha establecido, los que llamamos extraterrestres, se han visto muchas veces y en diferentes momentos de la historia – Replicó Valdemar.

– Así es, dijo Adam, por eso hemos aparecido en muchos momentos para dejar nuevas enseñanzas y lograr que el hombre desarrollara mucho más rápido los inventos, razón por la cual en los últimos 20 años aparecieron todos los adelantos tecnológicos que se conocen-.

– ¿Cada vez que ustedes vienen contactan a los humanos para entregarles conocimiento? Preguntó Valdemar.

–No, solamente tomamos a alguien representativo de la comunidad que nos interesa en el momento, lo raptamos y le introducimos los conocimientos a través de un aparato que transmite información a la masa encefálica mediante impulsos electrónicos. Han sido infinitos los momentos en los que hemos intervenido a la humanidad y cambiado su historia-.

– Adam usted afirma que han cambiado a su antojo la historia de la humanidad sólo para cumplir su misión sin tener en cuenta que si cambian algo que ya ha pasado por algo nuevo, pueden crear lo que se llama paradoja en el tiempo -, dijo desconcertado Valdemar.

– Si, por eso hemos enloquecido el tiempo, el clima y hasta a la humanidad, pero ya es tarde y no podemos hacer nada y ahora les cuento que la misión que me trae aquí hoy, es la de recoger muestras de ADN de los mejores científicos y artistas de todas las áreas y llevarlos al futuro a donde viaja nuestra nave y rehacer los seres humanos como los que hoy existen, pues los que creamos parecen monstruos, son los seres que quienes los han podido ver los describen como extraterrestres – contestó Adam.

– ¿Y nosotros que tenemos que ver con eso?, dijo Erika un poco nerviosa.

– Los documentos que ustedes tienen y por los que los han perseguido, contienen esas muestras de ADN en el material de sus hojas, todo eso nos lo preparó un conocidísimo científico suyo al que contactamos recientemente, por eso he llegado hasta aquí, entréguenme el maletín y luego los dejo marcharse -.

– Nosotros vinimos aquí fue para que, con sus conocimientos, nos ayude con un antídoto para curarme de un tóxico que me inyectaron- le dije en tono de súplica y muy asustado.

– Claro, entréguenme el maletín y yo les ayudo -, dijo Adam.

Como lo habíamos dejado en el apartamento de Erika y no lo teníamos, nos asustamos mucho más, pero Valdemar sacó de entre sus bolsillos algunos documentos y se los entregó. Cuando el enigmático ser los tuvo en sus manos, oprimió un botón rojo, el cual accionó un mecanismo que nos arrojó fuera de la nave y nos hizo caer a las heladas aguas de la laguna.

Aterrados vimos cómo la nave despegó y en segundos desapareció del lugar, sobre nuestras cabezas. Comenzamos a nadar y cuando estuvimos fuera del agua Valdemar empezó a reír a carcajadas como si estuviera loco, nos miramos con Erika sin entender qué pasaba, entonces fue cuando el científico nos contó la aterradora razón de su risa.

– Ja ja ja, los engañé a todos, a ustedes también, yo soy amigo de los hombres que trataron de matarlos, con ellos queríamos rescatar los documentos con el ADN que ustedes tenían en su poder, para así cambiar el material genético por el de los peores hombres que han pisado la tierra, asesinos, genocidas, dictadores, de todo. Adam se llevó el peor material genético y con eso van a construir a los hombres que poblarán en el futuro el nuevo planeta que reemplazara la Tierra. Ja ja ja decía con sus ojos desorbitados mientras se marchaba y nos abandonaba en el paraje solitario.

Traté de correr tras él, pero mi organismo ya no respondió y caí al suelo, entonces Erika decidió marcharse a buscar ayuda. Creo que si la consigue, cuando llegue, ya es tarde.

¡Acabo de escuchar a lo lejos un disparo y el quejido de una mujer!, ¿le ocurriría algo malo a Erika? oh, Dios…

*             *             *

Solitario en mi habitación, ahora que termino de leer el cuaderno, pienso que nunca sabré cuántas páginas arranqué y de dónde, pero ¿qué importa si fueron del principio o del fin? Si nunca nadie sabrá cuál fue el comienzo ni cuál será el final de nada.

Ahora trato de adivinar cuál será la fecha en la que comenzará la hecatombe o si, por el contrario, hace tiempo que ésta inició y aún no queremos admitirlo. También creo que la epidemia ya comenzó a esparcir sus letales tentáculos y que afectó la mente siniestra del hombre, quien cada día destruye a su hermano de género. Siento frío y entonces decido alimentar el fuego de la chimenea con las amarillentas hojas del cuaderno que lentamente se consumen.

Triste y desolado miro en silencio a través de mi ventana y veo las grises nubes donde quizá se encuentre oculto el gran ojo que constantemente ve Adam en su camino y que en cada momento nos observa. Ese del que emana la lágrima que ahora comienza a ahogarnos.

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