La vida en una mina extraterrestre

JUAN MANUEL LABARTHE

La vida en una mina extraterrestre

La verdad sea dicha, la colonia minera Esperanza situada en Nébula 4B-X no es un lugar que impresione. A simple vista, lo único que se ve es un conjunto de edificios anodinos: bloques cuadrangulares, blancos y grisáceos, desperdigados en un radio de unos diez kilómetros. Los edificios están interconectados por pasajes lo que permite transitar por todo el complejo sin la necesidad de salir a la superficie. Esto es fundamental porque la vida afuera resulta insostenible para los humanos, las densas concentraciones de sulfuro y óxido en la atmósfera, las altas temperaturas, hacen que para una breve caminata por la superficie del planeta uno tenga que pertrecharse con gruesos trajes espaciales diseñados exprofeso.

Los edificios albergan las oficinas administrativas, las bodegas, las plantas procesadoras, los generadores de aire, los puertos para la embarcación del material, las viviendas de los humanos con todos sus servicios. Junto a este pequeño pueblo existe otro, invisible al ojo desnudo, pero que es en realidad mucho más grande y complejo que el que sí se puede ver. Se trata, claro está, de las minas, una intrincada red de túneles subterráneos, cientos de tentáculos de caprichosa forma que horadan el interior del planeta hasta llegar a los 3,000 metros.
En la parte superior de las minas, hay también viviendas y servicios, separados de los de la superficie. Ahí habitan los molios, los trabajadores de la mina. Las duras condiciones que imperan en las entrañas del planeta hacen imposible para los humanos sobrevivir ahí abajo más de unos cuantos minutos. Los molios en cambio, de apariencia humanoide pero cuya anatomía tiene una espectacular resistencia han sabido adaptarse.

Los molios son traídos por las naves desde Termack, un planeta de clase C que se encuentra en las profundidades de la galaxia. Termack apenas cuenta con tecnología, tiene que importar casi todos sus bienes y comodidades, la vida es allí pobre y dura: por ello es que el trabajo en las minas constituye para los molios una perfecta oportunidad de mejorar sus condiciones. No es fácil, claro está. Los contratos duran cinco años lo que es mucho tiempo para los grandes riesgos que implica la vida en la mina. Los derrumbamientos y los accidentes son comunes, pero para los que logran sobrevivir intactos es maravilloso regresar a Termack tras haber amasado una pequeña fortuna.

A pesar de los riesgos y de que siempre se necesitan trabajadores en las minas, la demanda supera con creces la oferta, cuando llegan las naves, irrumpiendo con su elegante figura plateada el fosforescente cielo de Termack, cientos de molios se apretujan en torno a sus puertas, con la esperanza de ser contratados.

En realidad los molios reciben apenas una ínfima parte de la riqueza que se genera en Esperanza. En las minas se hallan abundantes yacimientos de gran cantidad de materiales, entre ellos, níquel y tungsteno, pero la verdad es que nadie se preocupa por ellos: lo único que verdaderamente importa es el veridio. Este es el verdadero oro de la era interplanetaria, un metal cristalizado que se aplica en casi todos los ramos de la industria, pero especialmente en las construcciones de naves, en los sistemas de defensa y comunicación. Por alguna razón que los científicos todavía no han podido explicar, el veridio abunda en Nébula 4B-Xcomo en ningún otro planeta de los que se han explorado hasta ahora.
Su extracción no es fácil. Aun para los molios, en las minas el calor es infernal, las condiciones de trabajo extenuantes, con grandes taladros neumáticos extraen el material en grandes bloques que lo contienen apenas en un uno por ciento, de ahí se le transporta a la superficies donde pasa por varios cámaras y hornos, donde reciben procesos químicos, de cocción, filtración, fundición y electrorefinación, hasta que se obtiene el producto final. Este trabajo lo realizan exclusivamente los humanos, y en comparación al de los molios es un juego. De ahí el veridio pasa al almacén, donde no permanece mucho tiempo, pues las demandas son tan grandes que constantemente llegan las naves a proveerse del material.

Aunque el arriba y el abajo están en constante contacto son dos mundos totalmente aparte. Difícilmente hay algún diálogo entre sus habitantes. A los molios les está prohibido subir, los humanos jamás bajan. En la minas, los molios excavan, y duermen soñando con el día en que terminará su voluntaria esclavitud. Arriba los humanos tienden a olvidar que los grandes bloques que llegan en las cintas transportadoras, fueron extraídos por alguien. Los molios con sus ojos rojo-fuego, su apariencia de estatua estilizada, sin rasgos definidos, el cuerpo plano, les parecen todos iguales, un solo organismo, compuesto de una multitud de individuos. El rostro de los molios parece hierático, y representa un enigma pero es un enigma que a nadie le interesa descifrar.

Adiós al silencio

VEXY PRENTISS

Adiós al silencio

En ese bello planeta rojo, las cosas no podían ser más fáciles para Xinia y sus congéneres. Todo aquel que quisiera asegurarse una existencia pacífica y honrada, únicamente tenía que preocuparse por levantarse temprano y obedecer a la autoridad sin atreverse jamás a protestar. Allí no había lugar para espíritus rebeldes que soñaran con derrocar al sistema. Los encargados de decidir el destino de los más jóvenes, eran los ancianos del planeta, y si alguien se atrevía a desafiar sus opiniones, esa persona automáticamente se transformaba en un ser odiado incluso por sus más allegados. Sí, la situación era terrible para los que anhelaban tener sueños propios, y Xinia, a pesar de ser la hija de una familia acomodaba, lo sabía, y le dolía profundamente en el alma. Quizás a otros seres del mismo planeta los lastimaba el control absoluto del gobierno, sin embargo, nadie se preocupaba por hacer algo ¿Qué importaba algo tan tonto como la individualidad, si todos los habitantes tenían su bienestar asegurado? Sintiéndose harta de la falsa serenidad de la gente de su pueblo, Xinia tomó prestada la nave de sus padres, y sin pedirle permiso a nadie, dejó por primera vez su planeta natal.

A lo largo de su largo viaje por el espacio ella se encontró con escenas casi idénticas a las de su planeta natal; seres hechos de polvo de estrellas deambulando por allí con máscaras de perfección sobre sus rostros. Todos ellos deambulaban por la vida con enormes sonrisas, pero no lo hacían porque sus corazones estuvieran llenos de luz, sino para acallar un asfixiante temor a ser perseguidos y rechazados por todo mundo si mostraban sus verdaderos sentimientos.

La joven extraterrestre se desanimó bastante al ver tanto conformismo, y con tristeza, decidió emprender el largo viaje de regreso a casa. A mitad del camino, Xinia se encontró con algo que le llamó poderosamente la atención: un pequeño planeta azul. ¡Vaya! Ella únicamente había leído acerca de ese lugar en la escuela, y honestamente, había tenido dudas de que un sitio así fuera real. ¿Quién puede vivir entre tanta agua?, y por aún, ¿qué clase de seres soportan vivir con temperaturas menores a los cien grados centígrados?

Sintiendo que una enorme curiosidad crecía dentro de su pecho, Xinia decidió a hacerle una pequeña visita a ese planeta azul. Lo que encontró ella al navegar discretamente entre las nubes de ese lugar, no tenía comparación con ninguna de las otras cosas que se topó en su viaje por el espacio. Los habitantes del planeta azul utilizaban una tecnología similar a la que se había usado mil años atrás en otros rincones del Sistema Solar. Y lo peor de todo era que ellos no utilizaban veloces naves para transportarse, sino horribles y lentos armatostes hechos de metal que desprendían humo tóxico por doquier. ¡Vaya terrible sitio para vivir! Al ver ese espectáculo tan grotesco, Xinia sintió ganas de regresar a su planeta, pero algo la detuvo. Sobre una pequeña ciudad caían nubes de fuego sobre los ciudadanos indefensos. La gente lloraba y maldecía en las calles, mientras sostenían los maltrechos cuerpos de sus seres queridos.

Desgarraba el alma tener que ver algo así, pero Xinia supo que allí, en medio de tanto dolor, era donde tenía que estar ella. Quizás los habitantes del planeta azul eran poco agraciados, y sobre todo, dueños de una inteligencia inferior, especialmente se les comparaba con los seres de otros planetas, pero por lo menos, ellos no tenían miedo de dejar anidar al dolor en sus corazones

Llanto

ENRIQUE BORST

Llanto

El tiempo le pasó indefectiblemente, al final nada se acordaba de lo reciente y poco de lo que había vivido. A veces se pensaba un juglar, un caballero, un campesino, otras veces se creía esclavo de un imperio, un rey del desierto, una odalisca y hasta un pirata.

Él no era nada de eso. Él iba de la cama a la sala, de la sala a la cocina y de vuelta a la cama. Se quejaba de los infinitos dolores físicos. Un día apareció preso en su cama. Una señorita de malos modales le repitió que lo cuidaba. Él ya ni siquiera sabía que tenía hijos y nietos, paradójicamente ellos se habían olvidado de él. Terminó sus años agónicos y delirantes en su cama de toda una vida, con olores feos y sábanas sucias.

Respiró las aguas del paraíso. Sintió una felicidad enorme que se terminó con la queja de su madre. Sintió un dolor agrio al respirar el aire y observó el mundo con desconfianza. Aprendió a caminar y aprendió un idioma. Él todo lo retenía, palabras, imágenes, formas. Todo quedaba registrado. Sonrió. El aire se hizo dulce y excitante. Su madre lo nombró y él nombró a su madre. Se inclinó por la religión y se destacó en sus estudios. Tuvo profesión, se creyó altruista y dio a todos cuanto pudo. Se casó, fue el marido fiel y perfecto, amó a sus hijos. Pregonó el respeto, el amor y el trabajo. Un día de invierno lo lloraron.

Abrió sus ojos y respiró. Amó el tacto y el aroma de su madre. Quiso abrazarla y estar todo el día pegado junto a ella. El calor de su sangre fue un escudo irrompible que terminó el día menos esperado. A él los años y las noches lo encerraron en un torpe pensamiento sobre el vacío. El mundo estaba lleno de enigmas y él era demasiado débil para enfrentarlo. Sin siquiera echar un vistazo se le antojó malo y egoísta. La tragedia marcó su vida y afloró, el día menos esperado llegó de golpe. Él no pudo solo. La angustia horrible lo carcomió, la vida era despreciable. Pensó en la mentira como una peste y se sintió acorralado. Una tarde luego de varias noches sin sueño decidió de irse abruptamente.

Nadó por aguas suaves de algodones, bebió la espesa leche materna y el azar le hizo un guiño. Él era bello y delicado. Leyó todos los poemas y se convirtió en un ser sediento de amor. Conoció princesas de países nórdicos y las amó, tuvo romances en la selva y en el llano. Él las amó a todas pero tanto amor un día colapsó. Sus días le fueron cortados mientras buscaba una musa en las cercanías de un bosque, se dice de una actriz, de una locura, de un amor imposible, de celos y de un disparo certero.

Nadó, volvió diminuto y anémico. Sin fuerzas y llorando sin razón. Fue alto y de contextura fuerte. Tuvo impulsos incontrolables. Se dedicó a la política y a la guerra, la combinación le resultó perfecta. Nada había después de la vida. Aborreció a sus padres y escupió a su mujer. Él despreció al hombre. Lo nombraron tirano, y en silencio algunos lo llamaron héroe. Su apetito nunca tuvo límites, se apropió de corazones, de tierras y tuvo sueños de sangre. Se creyó inmortal. La vejez misteriosa fue la única que pudo con él.

Nadó, respiró fuerte y lloró descontrolado. Es un angelito, dijo la partera y la madre sólo quiso abrazarlo…

Alteridad

FACUNDO JOEL ROITMAN

Alteridad

Un día soñó que soñaba y en ese sueño estaba despierto. En ese transe era un bípedo, cíclope como los demás, con sus piernas giratorias y con sus dos alas negras. Era muy triste ver cuando a otro le faltaba alguna parte del cuerpo o alguno de sus atributos. Generaba lástima ver a algún semejante que no podía volar por ejemplo, porque encontraba condiciones disímiles al resto. Él se encontraba estable, tenía una buena relación con sus “caglios”, una especie de familia pero mas amplia, conformada por varios individuos. Lo que más le satisfacía era ver el ambiente, las flores marrones le acariciaban la vista, y el cielo lo energizaba en aquellos momentos en los cuales se vislumbraba como caían ladrillos de cemento cuando el clima estaba desmejorado. El alimento no era un problema, cada individuo necesitaba imaginar la comida que iba a ingerir y con el poder de la mente aparecía la ración. Obviamente no se permitía, con este mecanismo, la existencia de la abundancia ( a raíz de la superproducción): quien solicitaba más de su necesidad era castigado con la quita temporal de la facultad de autoabastecerse.

Cuando durmió en este sueño, despertó del sueño alterno que soñaba, y al volver a soñar se despertó en el otro trance, pero como en todos los otros con la certeza de un continuo ininterrumpido en el que existía pasado y presente. Ahora era un armazón con extremidades que se trasladaba de un lugar a otro rebotando de aquí para allá. Proyectaba su futuro, hacía cálculos, multiplicaba, dividía y tenía la ambición de crecer en el mañana, mas no sabía que el mañana no existe, que al despertar el universo se iba a configurar nuevamente y que en el próximo sueño no se iba a acordar de lo que fue en este, ni en el anterior y por lo tanto nunca habrá sido un bípedo, ni un armazón.

Cuando despierte va a creer que su alrededor existe antes que él, cuando evidentemente él es anterior a su alrededor y no sabe que es quien lo configura.

Cuando durmió, despertó del sueño de su sueño. Al volver a soñar se encontró desperezándose en una cama, ahora parecía tener una cabeza con dos ojos, una nariz, una boca, un torso, dos brazos y dos piernas. Se desplazaba con sus dos piernas, primero apoyaba una, luego la otra. No lamentaba no saber volar, pues no se acordaba de haberlo hecho alguna vez. Tenía como una especie de familia que se limitaba a lazos sanguíneos. Se dirigía al trabajo, pensando que lo hacía como todos los días (día: factor arbitrario y subjetivo de medición del tiempo). El cielo era celeste y había una estrella luminosa a la que le proseguía un satélite que brillaba en la oscuridad, que se llamaba luna. Antes de irse a dormir le echó un vistazo silencioso a la luna, yo le quise advertir que se despidiera de ella, porque no la iba a volver a ver en su próximo sueño, pero finalmente me contuve y no dije nada, total no se va a dar cuenta.

Intermente

JAIME B.

INTERMENTE

Estoy tumbado sobre un diván bauhaus junto a un psicoanalista japonés cuya mirada se pierde en la penumbra. Hay una lámpara giratoria que produce sombras que cambian y marean a las paredes de la salita; el atardecer es anaranjado e infernal y se cuela por los pequeños ojos entornados de una persiana. Un mantra electrónico se emite desde dos altavoces situados donde debería estar la cabeza de unos perros de escayola a tamaño real. Todo es complejamente geométrico; hay monitores y cables con ventosas que se enredan y se adhieren a unos brazos y un pecho que empiezo a identificar como míos. El doctor enciende una pantalla:

Aparecen mi padre y mi madre, muy jóvenes, en una habitación con una cálida iluminación. Mi padre (tiene un bigote) zarandea repetidas veces con su mano el glúteo de mi madre. Ambos están desnudos. Su postura es inverosímil: mi madre está de rodillas, le da la espalda a mi padre, agarrando con las dos manos el cabecero de la cama mientras mi padre, detrás de ella, la golpea violentamente con su pelvis emitiendo como un plac, plac, plac muy sonoro. Mi madre hace aspavientos con la cara y se le retuercen todos los músculos en un amplio catálogo de muecas dolorosas que acompaña de unos gritos del todo desproporcionados. En un momento dado, mi padre agarra un mechón rizado del pelo de mi madre y se lo enrolla en una mano, y después tira hacia atrás con energía. Como resultado, mi madre queda mirando hacia el techo, con el cuello tan estirado que puede verse un bulto a punto de romper la piel. Entonces, desde la visión subjetiva de la cámara –es decir, desde la mía– surge la voz de un niño que dice Papá, ¿qué haces?

–Señor Cash –el japo apaga el monitor aguantándose la risa–, ¿qué puede decirme de esto?

–Sepa usted –respondo–, que aunque alguno de los suyos haya inventado ese chisme horrible con el que graban los recuerdos de la gente, a mí el psicoanálisis me parece mierda pura; y que preferiría meterme a predicar en una iglesia evangélica antes que comentar con usted esas imágenes que pertenecen a mi estricta intimidad.

El mundo es de Asia. Cuando estos cabrones se hicieron con la mitad del globo lo trajeron todo en cajas, debajo del brazo. Trajeron las hipnocámaras y los malditos PBs, el Chip Babeliano para la Traducción Simultánea Google Babelian®, o el GPS integrado Google Aleph® y toda esa basura carísima. Su aportación fundamental fue incrustar quirúrgicamente la tecnología californiana en las molleras de la gente que podía pagarlo; pero de allí no salían superhombres sino inútiles, gente a la que ya le costaba manejarse con un cerebro simple y a la que lógicamente la omnisciencia les quedaba grande. A esto se le llamó el InterMind, o la Intermente. El Babelian, por ejemplo, es la versión integrada del antiguo traductor. Uno aprende su lengua madre y después se hace implantar esa especie de araña en el hemisferio izquierdo del cerebro que reconoce y traduce absolutamente cualquier idioma a tiempo real. Por eso ahora uno ni siquiera puede despotricar a gusto sobre los sayonaras sin temor a que le entiendan; se sabe que ellos lo van a escuchar todo en su idioma de mierda.

–Señor Cash –el doctor carraspea intentando recuperar la compostura–, debe saber que el contenido de Su Subconsciente está perfectamente a salvo por la Ley de Protección de Datos 7743-B así como por mi Juramento Hipocrático; y que un servidor solo intenta cumplir con su obligación, nada más.

He dedicado media vida a demostrar que la mayoría de nuestros problemas están ahí, flotando en el aire; que uno se pone alegre o triste en virtud de la mierda que respira. Soy físico atmosférico. El físico atmosférico que demostró cómo el impacto tecnológico había producido un desequilibrio eléctrico a escala global, y que había una enorme congestión de iones positivos en determinadas zonas del planeta; el que demostró cómo este tipo de atmósferas eran caldo de cultivo para el insomnio, la irritación, la angustia y la depresión; que todo eso tiene más que ver con la carga de los electrones que con la psicología. Y aquí estoy, en una tumbona que huele a cuero barato soportando las diatribas neo-freudianas al estilo Japan que el gobierno quiere meternos a todos en la cabeza.

–Muy bien. Son mis padres. Están haciendo el amor. Debía tener tres o cuatro años. ¿Hay algo importante que extraer de aquí? Usted no lo entiende, porque es asiático. ¿Sabe cómo follan los asiáticos? Primero miran en un catálogo de Ikea si la prefieren rubia o morena; después la encargan por internet y esperan que les llegue a casa en una caja plastificada; entonces pasan la tarde en camisa de tirantes, ensamblando piernas con caderas, sacando brillo a un globo ocular, o atornillando dientes; finalmente le introducen una batería de litio en el cogote y pulsan un botón; pero, para cuando el engendro Barbie despierta, están tan sudados y cansados que ya no se les levanta; así que vuelven a apagarla y la tiran con desprecio al armario de las escobas. ¿Es usted uno de esos? ¿Se la ponen tiesa los maniquíes de silicona? ¿Le va la droidefilia?

La borrachera tecnológica impidió que la gente viera lo que había en realidad detrás de la Intermente. En seguida me di cuenta de que los chismes que implantaban en los cerebros de la gente eran especialmente cargantes para la atmósfera. En las poblaciones más ricas donde la gente podía permitirse los implantes, detecté una presencia desmesurada de iones positivos. En cierto modo, era como si la gente portase una nube depresiva girando alrededor de la cabeza.

–Señor Cash, usted sabe por qué motivo está aquí y no lo está poniendo nada fácil.

Aprovechando los soportes cerebrales inventados por los sayonaras, ideé un modelo de ionizador integrado. Uno de esos chismes que bombardean la atmósfera con iones de signo opuesto para generar un ambiente agradable y fresco, pero transformado en un microscópico órgano artificial que se instalaba en la piel y aprovechaba las glándulas del sudor. Mi proyecto garantizaba una disminución de más del 70% en el índice de suicidios y depresión si en cada pack de Intermente se incluía uno de mis ionizadores. Los chicos del equipo lo llamaban El Desamargador, porque eso era básicamente lo que hacía: te desamargaba. Una facción importante de Google Intermind® se entusiasmó con el modelo. Estaban dispuestos a apostar por él y a darnos la financiación suficiente para desarrollar el prototipo. Cuando llevábamos ya casi un año en el laboratorio y el equipo de bio-ingeniería estaba a punto de concluir el primer diseño, de repente un directivo nos anunció que la compañía rechazaba absurdamente nuestro proyecto. Traté de explicarles sin éxito que era fundamental, que solucionaba una de las deficiencias básicas de su sistema, que salvaría vidas.

–Usted está acusado, por el momento, de más de treinta homicidios; tengo ahí fuera a doscientas personas en estado comatoso que, por su bien, espero que sobrevivan; y usted está aquí perdiendo nuestro tiempo con estúpidas bromas racistas.

–Caballero –le digo–, aquí los únicos que matan gente son ustedes. Ustedes saben perfectamente para qué está siendo utilizada la Intermente.

Uno de los accionistas menores de Google Intermind corrió el bulo de que tres cuartas partes de la empresa habían sido compradas por un conglomerado enorme de industrias farmacéuticas. Probablemente se trata de la multinacional económicamente más potente que jamás haya existido. Los casos de depresión, unidos a otras patologías de muy diferente rango y tipo aumentaron exponencialmente. Luché durante un año para abrir los ojos a la compañía, para mostrarles que ellos mismos estaban causando enfermedades psicológicas, que necesitaban tomar medidas contra el desajuste iónico que generaban sus productos. Mi error fue, por supuesto, pensar que aquello era una cuestión de ignorancia.

–Señor Cash, llevamos dos semanas utilizando la hipnocam con usted y no nos ha dado ni una regresión útil que permita corroborar su historia. Ya le hemos dado suficiente cancha.

La Intermente estaba siendo usada por las farmacéuticas para inducir en los usuarios las mismas depresiones para las que después vendían sus medicamentos. Mis chicos y yo estábamos a punto de demostrarlo cuando ocurrió El Desastre. Algo debió descontrolarse en el servidor central Google Intermind: los suicidios masivos en Turku y Reikiavik, el desfile de harakiris públicos en Tokio, los Atentados Por Diversión en Francia, la Razón replegándose a sí misma y dándose muerte sobre el charco de su propia molicie. La Intermente había sido pensada como uno de esos hongos que poseen a las hormigas a través de esporas y las llevan como zombies allí donde quieren; solo que esta vez las hormigas habían enloquecido. Yo mismo caí en coma durante un mes, hasta que me despertaron en este sitio. Al principio ni siquiera recordaba quién era.

–Ustedes no están buscando la verdad. Están buscando un cabeza de turco para limpiar sus conciencias.

–Señor Cash, ¿no es cierto que pertenece a la sección ciberterrorista del Frente Anti-Asiático? ¿No es cierto que es usted un informático racista con delirios mesiánicos que se sintió frustrado al ver que sus colegas los japos se adelantaban a su proyecto? ¿NO ES CIERTO QUE USTED Y SU EQUIPO INTRODUJERON UN VIRUS EN EL SERVIDOR CENTRAL DE LA INTERMENTE Y QUE HAN DESTROZADO LA VIDA DE CIENTOS DE PERSONAS?

–¡CÁLLESE! ¡Yo nunca haría algo así!

–Le diré una cosa. Desde que usted despertó de su coma no ha parado de inventar historias sobre usted mismo. Unos días es científico atmosférico y otros médico sin fronteras. Al principio estuve dispuesto a aceptar que usted no recordaba quién era, por eso le sometimos a la hipnocam. Pensábamos que si a través de la hipnosis lográbamos recuperar algunos de sus recuerdos y proyectárselos en vídeo usted recuperaría la identidad y entonces podríamos juzgarle. Ahora me doy cuenta de que usted se niega a recuperar su identidad, simplemente nos sigue el juego hasta donde quiere.

–Us…ustedes…ustedes no buscan la verdad.

–¿Sabe otra cosa, señor Cash? ¿Recuerda ese vídeo que ha visto hace diez minutos y que usted pensaba que se trataba de un recuerdo de sus padres?

–…

–Era una película porno.

De hombres y dioses

RODOLFO SANTAMARÍA

De hombres y dioses

– Necesito tiempo para calcular el salto.

– No nos queda tiempo, salta, adonde sea, moriremos abrasados por el sol sino saltamos. ¡¡SALTA!!

Sus voces resonaban por encima de las alarmas de la nave, obligandoles a hablar casi a gritos, acerco el dedo al teclado y miro al capitán, sudaba a mares en aquella pequeña cabina de pilotaje, allí afuera el sol se hacia cada vez mas grande, sin control del timón no quedaba mas remedio, el medidor de radiación estaba al limite, respiro hondo y apretó la confirmación del salto espacial.

Un crujido terrorífico recorrió la nave como si fuera a partirse en dos, cayo al suelo y se hizo la oscuridad.

El destello rojo de las pantallas lo despertó, las palabras se encontraban en todas las pantallas, “ALERTA, FALLO GENERAL”

– Por todas las galaxias, estamos prácticamente a la deriva, es un milagro que la nave aun no se haya desintegrado.- El capitán Bradoc se encontraba sentado mirando la pantalla mientras sus dedos y los datos volaban bajo sus ojos.

Se sentó en su asiento y empezó a verificar los sistemas de la nave, solo el soporto vital estaba intacto, del interior de la nave no se veía nada, del motín tampoco, aquella nave transportaba los peores criminales de la galaxia a Septus I, el planeta-prisión.

– ¡¡NOOO!!, los motores han explotado – los datos aparecían con tal velocidad que apenas le daba tiempo a analizarlo – toda la sección de maquinas a estallado, el sistema de emergencia no ha logrado sellar todas las compuertas de seguridad, estamos muertos, ¡estamos muertos!.

– Estamos atravesando un sistema solar tal vez alguno de sus cuerpos pueda servirnos como puerto.- A pesar de la seguridad de la voz del capitán no pudo evitar responderle – Capitán no tenemos motores ni timón.

– Tenemos los motores gravitatorios, pasaremos toda la energía al motor de estribor, creo que ya he localizado un planeta donde podemos aterrizar.

– Pero capitán, sin la energía gravitatoria de los motores no podremos volver a despegar, tal vez ni tendremos suficiente para aterrizar, estaremos condenados de por vida en esa roca.

– No tenemos otra solución, enciende los motores gravitatorios a toda potencia.

Dos minutos después el planeta ya abarcaba casi todo su vista, la nave temblaba de la fuerza de los motores gravitatorios, una pequeña señal de alerta de comunicación exterior se activo en los paneles para su sorpresa.

– Capitán hay vida en este planeta, no logro identificar el mensaje, pero esta claro que han contactado con nosotros.

Justo cuando el capitán se dirigía a contestarle la nave entro en la pesada atmósfera de aquel extraño planeta y el infierno golpeo la nave.

Lo único que recordaba de aquellos terribles segundos es que gritaba de dolor, la nave temblaba como si algo la retorciera, como si una enorme mano intentara apretarla, el sonido y la presión eran tan fuerte que poco le falto para perder el conocimiento, agarro los mandos con fuerza y se hizo fuerte en un solo pensamiento, tenia que aterrizar, pocos segundos le bastaron para elegir un sitio adecuado, el morro de la nave golpeo violentamente lo que era una enorme duna de arena, se levanto y volvió a caer ya sin remedio.

Su siguiente visión era borrosa, era llevado en brazos por un largo pasillo, y de pronto una luz cegadora impactaba en sus ojos, sintió aquella luz y su calor en su piel y su traje, resultaba ser hasta embriagador aquel calor, hasta que lo tumbaron en la ardiente arena y finalizo su aturdimiento.

Allí a su lado estaba el capitán, muerto, la mitad de su frente se encontraba hundida y amoratada, alrededor había docenas de muertos y heridos, prisioneros y guardias mezclados por igual, también encontró entre ellos miembros de su tripulación, entre aquel aparente caos encontró un preocupante orden, en ambos lados de aquel campamento y hospital de urgencia se encontraban las bases de ambos antagónicos grupos, los prisioneros y los guardias.

Mientras se dirigía aun tambaleante hacia los guardias no pudo evitar mirar a su alrededor, allí en aquel elevado promontorio donde la nave aun humeaba, observo aquel mundo, docenas de pequeños lagos y pequeñas arboledas rodeados de una dorada arena llenaban toda su visión, y en el horizonte se dislumbraba un gran rio, cientos de aves de todas las clases revoloteaban por aquel pequeño paraíso. Dando la espalda a aquella visión volvió la vista a la destruida nave, mas de un kilometro de rastro había dejado la nave en aquel desierto, como una enorme herida que poco a poco el viento y la arena iban cerrando, el casco estaba negro, achicharrado por la violenta entrada en la atmósfera, pequeñas humaredas salían despedidos hacia el cielo, sin motores ni energía en los motores gravitatorios era imposible levantar a aquel enorme titan hacia el cielo.

Se sentó y pensó en su situación, aquel salto de emergencia a ciegas tan cerca de una estrella podía haberles enviado casi a cualquier lugar del espacio. Podría pasar mucho tiempo hasta que alguien reciba la señal de socorro, tal vez aquella leve señal que provenía del planeta podría ayudarles.

Minutos después se levanto con una mala sensación al ver como un pequeño grupo de presos y de guardias discutían apartados del resto y se acerco ellos, sus sensaciones se vieron refutadas al descubrir al jefe de los guardias en aquel grupo y oír algo sobre condiciones de un pacto, no lo podía permitir, ahora era el capitán, no permitiría mas motines ni insubordinaciones, saco su arma e interrumpió a gritos en aquella reunión.

– Sargento Charos, que esta haciendo, la ley espacial me convierte en el máximo dirigente tras la muerte del capitán, arreste inmediatamente a estos presos y ponga al resto bajo custodia de los guardias.- Las miradas de aquellos hombres le causo un grave desconcierto, Charos le miro de forma dura como estudiandole.

– Creo Teniente que ha llegado tarde, estos hombres ya han elegido su destino. – Aquel hombre que hablaba era uno de los presos, ante su sorpresa lo reconoció en apenas unos segundos, era el capitán pirata Arkan, uno de los criminales mas buscados de la galaxia.

No fue lo suficiente rápido, a pesar de que por el rabillo del ojo se percato de un leve movimiento, no pudo evitar que aquel rayo rompiera el silencio, todos aquellos que podían moverse miraron hacia aquel lugar, el fuerte ruido había salido del arma del sargento Charos, el cuerpo del teniente se desplomo en la arena con media cabeza desintegrada.

– Querías una prueba de fe, aquí la tienes.- Trono Charos mirando al capitán Arkan con desprecio.

– Si, creo que me vale.- Sonrió Arkan mientras se daba la vuelta y se alejaba de aquel cuerpo muerto.

Charos Chronos se quedo observando el cadáver del teniente unos segundos, aquel pobre desgraciado no entendió que los guardias destinados a aquella prisión eran también en cierta forma prisioneros, casi todos habían sido obligados a servir en ese funesto planeta por culpa de errores en el servicio o insubordinaciones, en su caso había insultado a un superior, ocho años no parecía mucho, sino fuera por que según las estadísticas casi la mitad de los guardias que servían en aquel planeta-prisión moría antes de cumplir su contrato. Ya no era joven, pero no pensaba morir en alguna pelea absurda o algún motín de prisioneros en aquella horrible prisión, este perdido planeta era su segunda oportunidad de vivir sus últimos años con cierta paz y libertad, casi todos sus compañeros pensaban lo mismo.

Finalmente terminaron de sacar a todos los muertos y heridos de la nave, y todo aquel material que podía ser útil, armas, comida, e incluso varias plataformas de desplazamiento. La tarde terminaba y aquel ardiente sol empezaba a perder fuerza, el capitán Arkan llamo a los presos y empezó a transportarlos a los puntos acordados por todo el planeta, los problemas quedaron barridos cuando se descubrió que en aquel planeta habitaban humanos como ellos, mas bajos y menos corpulentos, pero sobre todo tecnológicamente inferiores y vivían en la edad de piedra, aquellos presos destinados a morir en una prisión, con sus conocimientos eran lobos entre ovejas, o peor aun dioses entre hombres.

Los primeros en irse fueron los mas peligrosos, los violadores, los asesinos y demás escorias, fueron enviados lo mas lejos posible, al otro lado del mar. Los últimos fueron la extensa familia Rag-a-rok, sus misticismos y sus extrañas leyes los habían convertido en una peligrosa secta a la que la estricta sociedad galáctica tenia que destruir, entre ellos el padre y líder de aquella organizacion, de nombre Oidin, caminaba con una fuerte venda sobre la cabeza empapada en sangre, detrás de el sus dos hijos, Thor y Loki, junto con ellos les seguía mas de 30 de sus miembros entre hombres y mujeres, su destino era muy al norte, fue deseo expreso de Oidin, le gustaba el hielo, le gustaba el frío.

Los siguientes fueron los guardias con Charos Chronos a la cabeza, Arkan los amenazo, no podrían pisar aquella tierra ni acercarse a la nave, cuando también se fueron reunió a los suyos, tenían que olvidarse de sus nombres, ya no eran piratas, e incluso el mismo tenia que desaparecer, a partir de ahora se le conocería por su nombre de pila, Anubis, ya de noche se dirigieron a aquel lejano río al que los nativos de aquel planeta llamaban Niilo.

Virus

MARLY SANTANA GARCIA

Virus

Vida en otros mundos, en los mundos que habitan dentro del mundo, mundos de dolor y de muerte; en donde la vida no es una opción. Mundos donde la sangre llueve, mundos ficticios, donde se viven vidas de teatro, un teatro del absurdo donde las verdades son mudas y las mentiras sinfonías, donde cada uno asume su papel. El personaje más difícil es de los que luchan por poder vivir todos en un único y real mundo, por acabar con la tribuna de espectadores que nos introducen en estos mundos a su antojo, sumergiéndonos inexorablemente en la destrucción.

La vida en estos mundos antes no fue así, en tiempos remotos lo invadió un mal. Este mal que lo aqueja es un virus mortal, pero tiene una ventaja; el virus tiene cura, pues se destruye así mismo, se ataca y finalmente muere. Solo es cuestión de tiempo. Este virus se llama: humanidad.

Señal extraterrestre

NÉSTOR QUADRI

Señal extraterrestre

Si bien trabajaba como modesto empleado haciendo guardia durante las noches en el observatorio, realmente era un experto en informática, que había decidido pasar su vida en soledad, gozando en silencio de la contemplación del universo. Sin embargo, en el fondo de su alma, tenía la ilusión de ser el primer hombre del mundo que lograra descubrir el misterio de la existencia de vida en otros mundos. Esa loca esperanza lo mantenía ansioso y expectante, aunque todos sus esfuerzos siempre habían sido en vano.

Mientras ascendía al observatorio de rastreo espacial, ese día no había podido dormir bien y atacado de un bajón anímico se preguntaba: “¿Y si a pesar de todos esos esfuerzos que está haciendo la humanidad, realmente no había civilizaciones extraterrestres?” Todo era posible, por lo que debía aceptar lo peor y suponer que podían terminar finalmente por no obtener ninguna señal reconocible.

Sin embargo, al acercarse al radiotelescopio óptico fue recuperando algo de ánimo, mientras pensaba si realmente se habría desperdiciado tanto dinero, porque era seguro que más se gastaba en fabricar inútilmente armamentos cada vez más sofisticados, que generaban odio y destrucción. Además, se estaba aumentando constantemente las probabilidades de que las naciones de la tierra se aniquilaran entre sí y tal vez, destruyeran a toda la humanidad.

Al llegar a su lugar de trabajo, reemplazó a su antecesor y se instaló en el centro de control, para la rutinaria vigía de todas las noches. Al iniciar su tarea se quedó durante unos minutos dedicado a la observación del universo, delante de los complejos sistemas de seguimiento del radiotelescopio óptico. En un tiempo físicamente incalculable su angustia se disipó por completo, embargándolo el éxtasis de la belleza del eterno cielo, génesis de toda grandeza, que ahora escudriñaba muy atento, para que apareciera en él alguna señal o imagen de vida.

Sabía que era un ser solitario e insignificante encadenado a este mundo, pero percibía en la paz que lo rodeaba, el inmenso placer de buscar en ese universo majestuoso, algún indicio de vida inteligente.

Si bien esa soledad de su vida alcanzaba durante el día su punto extremo, por las noches, el observatorio era el gran alivio para su desasosiego, mientras era testigo del espectáculo impresionante del esplendor de las constelaciones. Cuando observaba como las estrellas se abrían y cerraban, se agrandaban y achicaban, saltaban y se sumergían como pequeñas luces brillantes sosteniendo el cielo oscuro, sentía que tanta grandeza le conmovía el alma.

El observatorio donde trabajaba, representaba uno de los proyectos de desarrollo pacífico más ambiciosos jamás realizados por la humanidad. Era un radiotelescopio óptico coordinado entre sí, dedicado exclusivamente a la búsqueda de vida extraterrestre. Apuntaba al cielo con una antena de radio y un espejo gigante, hurgando sistemáticamente señales de radio y luz de una civilización alienígena. Era apoyado por una supercomputadora inteligente, superior a todas las concebidas hasta ese momento en el mundo.

El radiotelescopio óptico lo acercaba a nuestra galaxia, con supernovas, púlsar, nebulosas y podía divisar objetos muy lejanos que se encontraban incluso más allá. Podía obtener datos de las galaxias externas como Andrómeda y también los quásares que constituían los misteriosos núcleos en los confines del Universo. En una escala extragaláctica, incluso lo llevaba atrás en el tiempo, hacia el resplandor de fondo del big-bang inicial.

Todo el universo estaba en orden y cada movimiento de los astros tenía un tiempo y un espacio, pero a él en esa sala de control le parecían cuerpos esbeltos que se encendían y apagaban danzando intermitentemente. Eran ya las tres de la madrugada y al ritmo del pequeño zumbido del reloj en la pared, se quedó pensando en el tiempo como dimensión extragaláctica, mientras observaba como el segundero giraba y giraba, sin prisa y sin pausa.

Fue allí, cuando de pronto, durante una vuelta completa del segundero, mágicamente vislumbró que el destino de su vida cambiaría, porque el radiotelescopio óptico captó y grabó durante un minuto, una extraña señal de luz láser.

Al tratar de observar esa luz grabada en el visor del aparato, al principio le apareció borrosa y que no se distinguía. Sin embargo, cuando fue ajustando los controles, la señal se fue haciendo más nítida y brillante. No lo podía creer: ¡Allí estaba! El inmenso radiotelescopio óptico había captado y grabado una débil pero compacta señal de luz, en una pequeña y oscura zona del espacio. Sin salir todavía de su increíble asombro se preguntaba si sería auténtica.

Muy entusiasmado trató de enfocar todos los sistemas de apoyo del radiotelescopio óptico específicamente hacia esa zona del universo, pero la señal ya no estaba allí. Había permanecido visible durante ese minuto y luego desapareció misteriosamente.

Su ánimo mezclaba intriga y emoción en un estado sublime, porque estaba claro que se encontraba ante uno de los acontecimientos más trascendentes de todos los tiempos y era justamente él, quien lo había descubierto.

“¿Qué lejana galaxia podría acunar aquella señal?” “¿Por qué sería tan corta?”, se preguntaba. Le apasionaba saber que en algún lugar de ese horizonte infinito, alguien nos estaba contemplando para que la humanidad no estuviera tan sola.

Sabía lo que debía hacer, se acomodó junto al panel de control y empezó el operativo ya programado, ante el eventual indicio de algún descubrimiento extraordinario. Comenzó a teclear la clave de la secuencia de alarma de urgencia, que había memorizado cuando empezó sus tareas varios años antes. Ese procedimiento pondría en marcha los dispositivos de alarma del observatorio y por otra parte, avisaría a los domicilios de todo el personal directivo y técnico especializado, para que concurriesen inmediatamente al lugar.

Rápidamente completó la clave, pero aún no se animaba a activarla para poner en marcha el sistema, pensando si sería una decisión acertada. Todos esos funcionarios comandarían la investigación y si bien él tenía muchos conocimientos informáticos, sería dejado de lado como un humilde empleado, como si fuera una endeble pieza de un engranaje. De esa manera, perdería esa ansiada posibilidad de ser reconocido y reverenciado en el mundo por dicho descubrimiento. Le invadieron las dudas y comenzó a replantearse si lo haría.

Sentía una necesidad imperiosa de averiguar por sí mismo, quién estaba tratando de atraer la atención o de decir algo al universo. Después de esos primeros instantes de indecisión, no pudo ya contenerse y tomó la determinación de cancelar la operación de emergencia.

Entonces, introduciendo el código secreto que había copiado subrepticiamente hacía algún tiempo, cargó en la supercomputadora toda la información de este descubrimiento. Luego, le impartió la orden para que estudiara cual era su significado y de donde había partido.

Sabía que esa información representaba un reto difícil de resolver para la supercomputadora. Podía ser que no pudiera interpretar esa señal y no lograra obtener más información que la de su existencia. Quizás nunca podría revelar las características del planeta que la enviaba, las que seguramente serían de gran interés y utilidad para los astrónomos “¿Habría realmente material rescatable en esa señal?”, se preguntaba.

De todos modos, aunque la supercomputadora no llegara a ninguna conclusión respecto a su contenido específico, estaba seguro que se podrían obtener ciertas generalizaciones concernientes a las comunicaciones extraterrestres.

En tanto la supercomputadora se debatía tratando de extraer la información, compilando cada una de las partículas de radiación que componían aquel minúsculo indicio de luz. Para ella, era como si fuera un inmenso rompecabezas que no terminaba nunca de armar. Evidentemente la tarea se le tornaba sumamente dificultosa y eran muchas las suposiciones que debía descartar.

Mientras esperaba impaciente la respuesta, pensaba que aunque se lograra una comprensión detallada del mensaje, quizás no se desentrañara lo suficiente como para deducir si la civilización que lo enviaba era pacífica o no. No tenía forma de predecir lo importante que resultarían esos datos, pero indudablemente no podrían ser de ninguna manera inútiles.

La incertidumbre de la espera le carcomía el alma y le asaltó el temor de lo que le pasaría por haber tomado aquella resolución, tratando de resolver el mensaje por su cuenta. Como había trasgredido todos los procedimientos y reglas de seguridad estipuladas, tenía la impresión de ser perseguido por una infinidad de sensaciones invisibles que incansablemente rondaban, acechaban y perturbaban su cerebro.

Para agravar su angustia, la supercomputadora se demoraba y como al amanecer terminaría su turno para ser reemplazado, sería descubierto. Por ello, le requirió que le adelantara la información disponible, pero la misma le contestó que necesitaba más tiempo. Era evidente que ella aún no contaba con los datos necesarios como para dar una respuesta adecuada a la consulta.

Si bien la espera se le hacía insoportable, tenía una enorme curiosidad por el resultado y se encontraba impaciente, porque estaba a punto de tener el orgullo de ser el primer hombre del mundo en descubrir la existencia de otras civilizaciones en el Universo.

Repentinamente, la supercomputadora le informó que todo el análisis realizado había llegado a su fin y estupefacto, vio como la máquina iba emitiendo en la pantalla su mensaje escrito de respuesta.Cuando lo leyó quedó petrificado, entre asombrado y decepcionado mientras se preguntaba: “¿Considerará la humanidad peligroso ese mensaje?” “¿La soberbia humana lo aceptará como verdadero?”. Realmente no lo sabía.

Era una señal emitida un minuto antes de haberse autodestruido, desde un planeta similar a la tierra, que giraba alrededor de la estrella 55Cancri emplazada en la constelación de Cáncer en la Vía Láctea, a una distancia de 41 años luz del Sol.

Contenía un mensaje desesperado, tratando de alertar al universo del peligro de la autodestrucción de cualquier civilización inteligente. Decía que ello era el resultado del proceso natural del desarrollo evolutivo, al avanzar más y más, los métodos y técnicas de confrontación.

Con una gran alegría decidió imprimir el informe, cuando notó que en el visor de la supercomputadora desapareció el mensaje y comenzó a emitir una extraña señal luminosa. De pronto, apareció una indicación diciendo que no encontraba el archivo.

Y por más que lo intentó, a pesar de sus conocimientos informáticos, no pudo localizarlo. Era como si se hubiera metido un virus que había borrado para siempre todo aquel informe.

“Y si realmente se hubieran perdido los datos, ¿le creerían a un transgresor como él?” pensaba. En ese momento de perplejidad, el total silencio que lo rodeaba era sólo remarcado por el minúsculo zumbido del reloj de la sala de control. Y mientras perseguía en su memoria la luz del discernimiento, comenzó a inquietarlo el paulatino incremento del zumbido del reloj.

De pronto, estremecido en lo hondo de su espíritu, comenzó a percibir en el subconsciente unos pasos, que al principio le parecieron bastante lejanos. Pero poco a poco, lo que había estado tan lejos, estuvo cada vez más cerca, hasta que sintió que lo tomaban del hombro y le decían: -¡Vamos, vamos!

Y ante la voz de su reemplazante abrió los ojos y al despertarse, vio nuevamente el reloj con el segundero que giraba, indicando que ya eran las seis de la mañana. Levantó la cabeza y como impulsado por un resorte se incorporó tambaleante, dirigiéndose prestamente a abrir una ventana. Buscaba aspirar un poco de aire fresco, como forma de recuperarse de los efectos del sueño que había tenido.

Como tenía la boca reseca y la sensación que le había dejado aquel sueño aún lo perturbaba, se dirigió luego al bebedero. Vertió una generosa cantidad de agua fresca en un vaso plástico y lo bebió casi de un trago.

Después de pasar unos minutos, poco a poco, su ritmo cardíaco comenzó a normalizarse y la conciencia de la realidad lo fue devolviendo al tiempo presente, que no era otro que el solitario escenario de su vida.

Sin embargo, cuando volvía de regreso a su casa, todavía sentía una cierta inquietud en su alma compungida. Resultaba que el texto de ese mensaje postrero dirigido a las vidas inteligentes del universo, en aquél agitado sueño en la noche del observatorio, le seguía pareciendo verdadero. Pensaba que podría constituir alguna forma desesperada de comunicación extrasensorial extraterrestre, alertando a nuestra humanidad del peligro de su autodestrucción.

Entonces, se hizo firme la promesa que desde la noche siguiente en su solitaria vida en el observatorio, con el radiotelescopio óptico se dedicaría con mucho más voluntad todavía, a verificar la aparición de alguna señal extraterrestre. Apuntaría directamente a la zona de los planetas que giraban alrededor de la estrella 55Cancri emplazada en la constelación de Cáncer en la Vía Láctea, a una distancia de 41 años luz del Sol.

Dos mundos, un amor

JHUSUN

Dos mundos, un amor

¡Qué tremenda explosión de viajantes a Escocia! Ya en toda Europa, e incluso del otro lado del Atlántico se hablaba de Dundee y no precisamente por ser la primera ciudad en el mundo que tuvo su propio sistema de alumbrado público. Todos llegaban para hacer cola a las puertas de una pequeña librería al norte de la localidad, cada uno quería comprar y al mismo tiempo verificar lo que se hablaba de los libros que allí vendían.

—Déme cualquier novela de Agatha Cristhie —solicitó una muchacha rubia de pelo largo que pacientemente había esperado su turno.

De inmediato comenzó a hojear el libro buscando la página en blanco que, según todos anunciaban, te proporcionaba el «negocio» con la parca.

Ella quería «morir». Solo había pasado un mes del accidente de su novio y necesitaba verlo.Para eso era necesario pasar al otro mundo. ¡Ahí estaba la página sin letras! Antes de las tres de la tarde debía leer los dos últimos párrafos de la página anterior para, exactamente a esa hora ser insertada en el mundo de los muertos.

¿¡Miguel…, Miguel…?! —temerosamente llamaba la muchacha, arrepentida quizás de entrar e ese enigmático espacio del que nadie había regresado.

En realidad esperaba algo diferente: fantasmas moviéndose sin parar y ocultándose a la vista, ánimas elevándose del suelo, oscuridad paradójica, en fin, no lo que tenía frente a ella.

Se encontraba en el centro de un parque (sin árboles, solo con bancos, áreas de estar y precioso césped) donde jugaban decenas de niños. Ella comenzó a caminar entre los pequeños. La plaza se le hacía infinita cuando escuchó su nombre:

—¡Jennedit!

Al voltear la cabeza lo vio. Miguel se le acercaba con un tremendo regocijo que fue haciéndose más pequeño hasta desaparecer totalmente cuando la abrazó.

—¡Cómo pudo suceder mi amor! ¿Cómo es que estás muerta?

—¡No cariño, no lo estoy! Escúchame.

Caminaron lentamente hasta uno de los bancos mientras Jennedit le explicaba a su novio cómo había llegado al mundo de los muertos.

Él se resistía a creerle, pero ¿podía haber alguna cosa inverosímil allí? Entonces la tomó por los brazos y corrieron largo tiempo (si es que este puede medirse en ese lugar).

—Te llevo a conocer dónde vivo… —la frase sonó un tanto anómala para los dos pero no dejaron de correr.

—¿Estás cansada Dit? —así la llamaba él cuando compartían a solas momentos de amor—. Estamos tan lejos porque en ocasiones salgo a correr sin parar y de esa forma no pienso en nosotros, en mamá, en…

—¡Gracias a eso me encontraste en aquel parque de niños! —lo interrumpió ella que ya jadeaba un poco.

—En ese montículo nos detenemos para que veas mi casita desde lo alto.

Hermoso paisaje veía Jennedit abrazada de su novio, ¿estaba realmente en el mundo de los muertos? No dejaba de hacerse esa pregunta.

—Es aquella de allí, la del jardín amarillo. Son girasoles, que le gustan mucho a mi amigo.

—¿Vives con alguien?

—Sí, y nos está esperando.

Ella casi pregunta cómo le avisó a su amigo, pero recordó que estaba en el país de los muertos. Muy cansada entró a la casa.

—¡No puede ser Miguel! ¡Fue él…

Jennedit se encontraba delante del irresponsable que no había respetado la luz roja del semáforo provocando el accidente que la dejó sin su Miguel. Ese muchacho había estado en coma casi una semana y ella lo odió todo ese tiempo, imploró siempre porque no muriera para decirle algún día cuánto odio le tenía.

—¿Cómo puedes mi amor? Ese fue quien nos separó…, él te mató a ti…, y a mí… —los sollozos no cesaban.

—Siéntate cariño, siéntate. Ahora te lo aclaro todo.

Intentando transmitir tranquilidad Miguel le explicó que aquella era una comarca donde convivían los muertos por accidentes (de cualquier tipo), menos los niños y los ya muy ancianos. Se trataba de agruparlos por el motivo de la muerte; si la fatalidad múltiple la que los llevó allí, provocando muchas muertes, (un choque de trenes, la caída de un avión), entonces todos ellos se reunían en un barrio que bautizaban con el nombre del lugar donde esta ocurrió.

Ella intentó hablar pero un gesto de Miguel la detuvo.

—En un caso como el mío, donde solo perdimos la vida dos personas, pues hacemos esto, convivimos, nos perdonamos, nos hacemos amigos. En fin, ¿puedes decirme para qué odiarnos o enemistarnos en este lugar donde en realidad sí somos todos iguales?

Jennedit no dejaba de mirarlos, ni de llorar. Tenía que entender que Miguel decía la verdad. Allá, fuera del libro, de la página en blanco que la llevó hasta su novio, el odio se imponía. Entonces, ¿era mejor estar muerta? La confusión comenzó a mellar su mente, ¿regresaría?

—Por supuesto que vas a volver Dit —ante su asombro—. Recuerda que estoy muerto y puedo entrar en tu mente mi amor —la miró un momento—, y sí, hay mucho resentimiento allá, las personas se maltratan, se matan; pero también hay amor, ¿o no era amor lo que sentíamos?

—¡Pero aquí es tan bello! Tú y él de amigos mientras sus familias están irreconciliablemente enemistadas.

—Ellos irán llegando, y comprenderán —eso lo dijo el muchacho que por llegar temprano a una fiesta no respetó el semáforo—, yo iba rebuscando en mi mente qué decirle a Miriam para obtener un sí a mi propuesta de unirnos en la vida, y mira, ahora tengo que esperar que ella llegue acá —una pausa—, eso si no lo hace de abuela.

Los tres rieron y por fin Jennedit aceptó el té que había preparado Miguel mientras su amigo hablaba.

—¿Descansarás un rato Dit?

—¿Descansar? Para nada, en la librería dejan bien claro que solo podemos estar acá diez personas vivas. Y no sé cuántos habrán encontrado ya la página en blanco después que yo lo hice —un suspiro antes de continuar—. Cientos quieren hacerlo.

—Entonces no sabremos cuándo te irás.

—Por eso no podemos descansar. Quiero ver más de tu mundo.

En el otro, el de los vivos, todos se figuraban este de una manera diferente, pero ella estaba segura que nadie lo imaginaba así, tan bello.

Había animales; ellos también morían. Jennedit pudo acariciar un cocodrilo que daba muestras de sentir su mano, tal y como hacen los gatos y perros cuando son arrullados. No se asustó con las ranas y, ¡algunos dinosaurios comieron de su mano!

Deslumbrada estaba la joven al escuchar la pregunta de Miguel:

—¿Recuerdas adónde íbamos cuando chocamos con mi amigo?

Tardó un poco en responder, quizás no esperaba la pregunta.

—A tu casa…

—¿Y a qué?

De nuevo unos segundos.

—Busquemos un lugar hermoso mi amor.

Encontraron un manantial que brotaba pequeño y transparente junto a unos árboles y allí comenzaron a besarse. Para ambos fue un poco incómodo al principio; ella tenía que adaptarse a una energía, un aliento y él a la materia pura. Pero cada uno en su espacio existía y el amor pudo unir ambos mundos.

El suspiro de la muchacha morena llamó la atención de todos los que estaban en la cola.

—¡Por fin! —dijo la joven colocando el dinero sobre la mesa para inmediatamente solicitar un ejemplar de las Crónicas Marcianas de Bradbury.

Con el dedo recorrió las páginas buscando la que no estaba escrita y comenzó a leer casi en voz alta los dos últimos párrafos de la anterior; ella estaba muy feliz pero no imaginaba que al terminar su lectura separaría dos mundos y un gran amor.

Respuestas desde Venus

PABLO BATANERO HERAS

Respuestas desde Venus

Siempre de pequeño miraba las estrellas con fascinación, mi abuelo había sido un famoso astronauta que hizo un viaje a varios satélites con la misión de hacer pruebas sobre la vida vegetal y animal con gravedad cero, y me contaba lo fascinante que era ver la tierra desde el espacio y ver la inmensa bola azul en la que vivíamos todos.

A mí me fascinaba oír sus historias acerca de cómo iban rotando alrededor de la tierra, y de lo cerca que estaba de la luna y sus cráteres, y como veían pasar meteoritos en la lejanía, sus historias eran increíbles, y yo no paraba de imaginarme allí en una nave espacial haciendo el trabajo que él había hecho muchos años antes.

Con un abuelo con este trabajo, mi padre se hizo científico, no podía ser de otra manera, pero no un científico cualquiera, uno encargado de buscar explicación al misterio que representaba el espacio exterior.

Así que incitado por las historias de mi abuelo, y de relatos sobre naves espaciales y según él alucinaciones a causa de la gravedad cero, un día mi padre le pidió que le contase con todo detalle acerca de sus alucinaciones. Mi abuelo decía que cuando todo estaba en calma y habían realizado sus tareas y se dedicaban a observar a través de los cristales de la nave, les parecía ver naves que iban y venían y se quedaban observando la tierra, incluso les parecía ver sombras en los reflejos de la nave, como quien pasa por la ventana tomando notas, el abuelo siempre dijo que eso era a causa del oxígeno de la nave, de la mala alimentación y de la falta de la familia, pero mi padre no lo creía así, él era de la opinión que el universo era muy grande como para que solo estuviésemos nosotros en la tierra como única forma de vida inteligente.

Corría el año 2081 y yo acababa de nacer, mi padre con la alegría de su primer hijo y de las visiones del abuelo se lanzó en la carrera de hallar vida en el espacio exterior y de contactar con ellos.

Presentó sus ideas claramente a muchos gobiernos, y su carácter fuerte y seguro hizo que confiaran en él y recibiera una gran suma de muchas instituciones, lo que provocó que se hiciera con un magnífico grupo de científicos que durante los primeros diez años crearon las más sofisticadas máquinas de audición, visión y toma de contacto de nuestro planeta.

La siguiente década fue la más dura, ya que tras 15 años no obtuvieron apenas resultados y ciertos integrantes del grupo abandonaron desilusionados por el fracaso y lo peor de todo, muchas instituciones y gobiernos les abandonaros, solo quedaron los más optimistas y los Países que tenían dinero suficiente para seguir apoyándolos y el ideal de encontrar nueva tierra que conquistar ya que la Tierra se estaba comenzando en convertir en un sitio insostenible donde vivir.

El veinteavo año mi padre llegaba destrozado a casa y nos contaba todo a mi abuelo y a mí, buscando palabras amable que le ayudasen a seguir y yo con mis 20 años y estudiando varias carreras era un idealista y le dije a mi padre que si se le había ocurrido mirar en Venus y en Marte, mi padre con arrogancia me dijo que Marte y Venus ya habían sido estudiados hacía muchos años, que era una tontería, yo le contesté que era más difícil encontrar vida en la lejanía que en planetas más cercanos, y que no se debería fiar de los estudios que se hicieron hacía 100 años, que no tenían los mismos medios que nosotros, mi abuelo, ya muy mayor, le dijo que yo tenía razón, y que debería intentarlo inmediatamente, que iban a cerrar el proyecto y que esa era su única y última opción.

Mi padre me metió en el proyecto como joven en prácticas, a la vez que seguía cursando mis carreras, y a los dos meses de estar allí forzando la maquinaria para investigar Venus y Marte, se produjo el milagro…habíamos encontrado algo en Venus.

Los estudios anteriores no conseguían llegar a Venus con robots espaciales porque ardían por la cercanía al Sol, y por la misma razón no conseguían ver nada, pero se nos ocurrió escuchar con sondas e inventar unas lentes especiales, y vimos que sí que había vida.

Supusimos que serían seres con un aguante increíble al Sol y al calor, pero no era así, era seres que habían creado una gran protección a lo largo y ancho del planeta, como una capa de ozono, pero mucho más perfeccionada, casi como una cúpula protectora de lo que pudiera llegar desde el espacio exterior.

Corría el año 2107 cuando tras muchos mensajes en todo tipo de lenguas, con números, con música, con dibujos y al final se recibió la contestación de uno de ellos, lo contestaron en todos los idiomas que se lo habíamos enviado, parecía que con los mensajes habían aprendido nuestros idiomas, nos quedamos perplejos y fascinados, rápidamente dimos la noticia a las diferentes instituciones que nos financiaban, la noticia se filtró y ahora todos los Países querían aportar para poder pertenecer a este avance en la historia del Universo.

Tantos años buscando y ahora que sabíamos que había alguien al otro lado no sabíamos que preguntarles, así que yo propuse que porque no nos presentábamos, les contábamos quienes éramos, y como éramos, dije de hablar con ellos como quien va a una cita a ciegas, todos se echaron a reír, pero yo dije que si tenían otra idea y se produjo el silencio, de esta manera como quien está tomando un café, nos pusimos a hablar con los Venusianos y se descubrieron cosas increíbles.

Eran unos seres que respiraban un aire similar al nuestro, gracias a su cúpula protectora tenían un Planeta con unos grados centígrados similares a los nuestros, tenían fenómenos atmosféricos, tenían necesidades alimentarias, su especie era la dominante y tenían subespecies que utilizaban para su alimentación y vida, y llevaban gobernando su mundo 20.000 años, o sea que estaban más avanzados que nosotros, de hecho nos dijeron que ellos si conocían de nuestra existencia, pero que no creyeron recomendable hacía siglos darse a conocer por el revuelo que hubieran causado, no estábamos preparados.

En el 2108 ellos conocían muchísimos detalles de nosotros y nosotros de ellos, y nos enseñaron como arreglar la capa de ozono, como mejorar en aspectos científicos, subsanar el problema de la energía, pero nunca nos decían ni que armamento tenían, ni era su aspecto físico, esto empezó a disgustar a la población mundial porque comenzaron a tener miedo de si querrían atacarnos o si su forma física era aterradora.

Tres puntos comenzaron a obsesionarnos, como eran, de que armamento disponían, y porque no nos decían como poder hacer viajes en el espacio exterior de forma segura y si ellos eran capaces de hacerlos…y pasaba el tiempo y seguían sin decírnoslo, pero mientras nos ayudaban a mejorar en todos los demás aspectos de nuestro mundo.

Para el 2114 habían hecho de nuestro planeta un mundo mejor, sin problemas de energía, con mejoría del conocimiento en todos los aspectos, la comida ya no era un problema, no había pobreza, gracias a sus métodos aplicados a la sobrepoblación habían conseguido que viviésemos en paz, a nadie le importaba ya que armamento tenían, ya que eran conscientes que con todo lo que nos habían ayudado era imposible que ahora nos quisieran exterminar.

Los Venusianos se dieron cuenta que nuestra mentalidad había evolucionado, que habíamos mejorado y nos hicieron llegar una imagen de como era su aspecto físico. Fue algo revelador, increíble, fascinante, eran igual que nosotros, solo cambiaba su vestimenta, éramos iguales.

Nos empezamos a preguntar cómo podía suceder esto, no tenía lógica ninguna, habíamos evolucionado en lugares diferentes y eso debería haber provocado muchas diferencias, ellos eran humanos como nosotros con diferentes tipos como la raza negra, caucásicos, asiáticos…solo que ellos los llamaban de otra manera, negros, pálidos, amarillos, ellos no tenían el Cáucaso o Asia para hacerlos llamar así. Insistíamos en cómo podía ser esto de esta manera y entonces nos revelaron el mayor hallazgo de nuestro Planeta, y el texto relataba así:

“A vosotros no os creó Dios, esa teoría eran incierta, si es verdad que en los albores de la Humanidad se produjeron los hechos que conocéis, pero los primero humanos que llegaron aquí fue a través de unas naves que llegaron desde Venus, querían colonizar el Planeta Tierra, el problema fue que los primeros millones que llegaron sufrieron un severo shock debido al aire de la Tierra y se produjo un colapso masivo, donde olvidaron de dónde venían, quienes eran y todo lo que habían aprendido, o sea había unos humanos en la Tierra que eran totalmente primitivos.

Desde Venus esto lo vimos como un fracaso absoluto, no pensamos en que el aire podía producir tal hecho, y en vez de mandar nueva gente y eliminar a los que ya estaban, se decidió dejarlos vivir allí, que evolucionaran y ver que iba ocurriendo, pero antes metimos las especies de mamíferos que nosotros teníamos aquí, así como cierta flora que nosotros también teníamos, lo que si hemos de decir, que vosotros tenéis especies que nosotros no tenemos ya que han evolucionado adaptándose al medio del que disponían, pero hemos de aclarar que vosotros no descendisteis del mono en la Tierra, eso especie la introdujimos nosotros para tuvierais teorías de que no os creó Dios, para ver si no os pasaba como a nosotros que al principio de nuestra civilización nos matábamos por Dioses que nunca existieron, pero vosotros también os matasteis por Dioses similares, habéis crecido con muchas similitudes a nosotros, y tenéis ocio y costumbres casi iguales, sin que nosotros os hallamos dicho nada, esto es increíble ya que sin decir nada somos prácticamente idénticos”.

De pronto el mundo dio un vuelco de dimensiones titánicas, muchas teorías cayeron por su propio peso, y las pocas religiones que quedaban tuvieron que claudicar, solo algunos pocos obtusos se negaron hasta que nuestros padres los Venusianos nos mandaron las pruebas de estos hechos.

Ya solo quedaba un punto a solucionar, conocernos en persona, y desde Venus no querían venir aquí, pensaban que no sería bueno, podríamos sentirnos atacados cuando aparecieran con sus grandes naves, de tal manera que nos mandaron los planos de varias naves para viajes interestelares y nos pusimos manos a la obra en la construcción.

El año de gracias de 2116 sería recordado para la eternidad, ya que 100 personas viajamos a conocer a nuestros padres, y entre toda la tripulación viajaba un padre y su hijo, estábamos muy ilusionados con lo que íbamos a realizar, por fin podríamos realizar el sueño de viajar al espacio, al igual que hizo el abuelo, además de escribir con letras de oro en el libro de la humanidad.

Al poco del despegue de la nave, pude comprobar todo lo que me había contado mi abuelo y la Tierra era una gran bola azul preciosa, una vista increíble, dejábamos atrás un mundo mejorado, evolucionado, con paz y recursos, algo imposible de pensar en siglos anteriores, con la gran ilusión de que nos dirigíamos a un futuro mejor, nos íbamos a reunir con nuestros ancestros los Venusianos.

FIN