Anoche estuviste aquí

VIOLETA ARANCE

Anoche estuviste aquí

Sé que anoche estuviste por aquí…

Pude sentirte…

Incluso sabía exactamente donde te encontrabas… te sentí al pie de la escalera…

Después, sentado en mi pequeño sofá…

Siento no haberme sentado contigo a charlar un rato.

Quizá fue el miedo. Ahora pienso lo tonta que fui.

¡Miedo! ‐ me digo a mi misma a modo de mofa.

¿Miedo de qué?

Si nada que provenga de ti puede darme motivos para sentir miedo…

Te vi en mi sueño…

¡Qué alegría tan grande!

Fue como en aquellos veranos en donde, paseando por la calle, de repente me encontraba

contigo… siempre lo adoré.

Mi hermana y yo andábamos paseando. Hablábamos de nuestras cosas…ya sabes.

Giré la cabeza y ahí estabas. Conduciendo un coche un pelín viejito color granate.

¡No podía creerlo!

“¡¿Qué hacías aquí?!” – pensaba.

Quizá venías a felicitarla por su cumpleaños. No lo sé.

En verdad el motivo me daba igual.

“¡Mira, ha vuelto! ¡Ha vuelto! – le gritaba radiante de felicidad.

Recuerdo estar tan feliz que incluso es posible que esos gritos traspasaran la barrera del sueño

convirtiéndose en reales. ¡Verdaderos!

Me veía a mí misma saltando de alegría…

Mmm… lo recuerdo y sonrío.

“¡¿Lo ves?!” – le dije a mi hermana. – “¡Está ahí!”

Sin embargo su respuesta fue “¿si veo a quién?”.

¿Por qué? – pensaba yo. ¿Por qué no te veía?

Ella no te veía. ¡¡No te veía!! ¡Estabas ahí mismo!

Me enfadé.

No sabría decir qué fue lo que me despertó.

Pero la tristeza me invadió entera.

¿Solo fue un sueño? Creo que no…

Estabas allí… en la escalera. Te sentía ahí mismo.

Y, corriendo, encendí la luz.

Seguías estando. No te habías ido.

Mi cuerpo me decía que no te habías ido a ninguna parte.

Estabas ahí, conmigo.

Cerré los ojos y tú te acercaste. Te sentaste en mi sofá. Y ahí quedaste…

Y volví a dormir.

Sé que fue real porque esa alegría que sentí al verte todavía está conmigo.

Un sentimiento así no puede ser ficticio, ¿verdad que no?

El sentimiento de culpa por ese miedo de que estuvieses allí, tampoco…

El arrepentimiento de no haberte hablado…de no haberte dicho cuánto te extraño.

Y por ello debo pedirte perdón.

No sé porqué elegiste venir esta noche.

Quizá sólo estabas de paso…

Pero… me inundaste el corazón.

Solo te pido que, por favor, vuelvas de vez en cuando…

Un beso y… hasta la próxima, mi querido tío…

Yo te estaré esperando.

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