1er Premio Concurso de Relato Corto metrobook 2014

ALICE

Estrellas y cajas

En mi mundo solo hay cajas.

Un mundo cuadrado lleno de cajas cuadradas.

En este mundo no hay nada en realidad. Un suelo blanco y un cielo negro. Mires donde mires solo hay eso. Colores uniformes. El suelo sin una sola fisura. A veces me pregunto si existe ese cielo negro o si solo es una bóveda que no puedo tocar porque está muy alta. Una gran bola de luz ilumina este mundo de monotonía: una luz blanca, pero vidriosa y fría que irrita mis ojos y me atonta el cerebro. Solo soy un sujeto de experimentación.

Mi caja es más grande que la del resto, pero es como todas. De un cristal de color oscuro, irrompible y con forma de un cubo perfecto, y aunque la parte superior de la caja está abierta, no puedo salir.

En mi pequeño mundo tengo un trabajo.

Cada mañana, cuando despierto, me encuentro en el centro de la caja una pila de folios blancos tan alta como yo y un bolígrafo de tinta negra. Mi trabajo es simple, tengo que escribir la letra A. Es así de sencillo:

A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A…

A veces me tomo la libertad de unir todas las letras.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA…

Y cuando estoy realmente inspirada incluso escribo alguna minúscula.

A A A A A A A A A A A A A A A A A a A A A A A A a A A A A A A A A…

Yo soy uno de los especímenes más raros que hay aquí. En ocasiones puedo notar la mirada iracunda de los otros humanos que rodean mi caja a través del cristal ahumado. Sus ojos son como dos rejillas negras cubiertas de odio. Aunque no puedan tocarme les temo. Una vez se me ocurrió escribir todo minúsculas:

a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a…

Cuando lo hice, todos se volvieron locos. Se tiraban hacia su cristal con rabia, tratando de traspasarlo para llegar al mío y matarme. Pero su cristal no se agrieta, en cambio, de tanto chocarse su blanca piel empieza a mancharse. Estos momentos son terroríficos, pero a la vez, me llenan de curiosidad. El mundo blanco y negro toma otro color por unos segundos, el rojo. Cuando esto sucede la luz del cielo se apaga para mí. Todo se queda negro, y dejo de escuchar los gritos. Realmente no sé lo que dicen al gritar, ya que pronuncian sólo lo que todos conocemos: “¡A A A A A!” Las bestias gimen en sus jaulas. Y yo, a veces, aúllo con ellas. Al día siguiente mi caja es más pequeña, y la pila de folios para rellenar se triplica.

Una vez me planteé si, tal vez, podría sencillamente negarme a escribir “A” en los folios… Dejar de hacer mi trabajo, mi función. Pero uno de los humanos, que se encontraba a tres cajas de distancia con respecto a la mía, tuvo esa misma idea antes que yo. Al día siguiente sus folios también se triplicaron. Al segundo día esto volvió a suceder, y las tres pilas derivaron en nueve en una caja más pequeña. Al tercer día los folios derivaron en veintisiete, el espacio de la celda volvió a reducirse, y apareció un techo sobre ella para evitar que la criatura escapara utilizando los folios. Realmente no creo que fuera necesario, dudo que el humano pudiera haber pensado en esa opción… De hecho a mí solo se me ocurrió la posibilidad al tratar de entender por qué esa caja tenía un techo, pero pensar es demasiado difícil… En esta sección de cajas solo somos tres los sujetos pensantes, y ojalá yo no lo fuera. Los castigos por pensar o por hacer cosas diferentes son siempre severos. Al cuarto día la caja de este humano se redujo a tres metros cuadrados y las pilas de folios aumentaron hasta mezclarse, aplastándole. En el quinto día había una caja distinta con un humano distinto. Somos criaturas de memoria frágil, así que pronto todos lo olvidaron. Supongo que yo también lo olvidaré pronto.

Las estrellas asoman en la lona negra de la noche cuando mi bolígrafo se queda sin tinta, al tiempo que la última “A” cierra la segunda cara de la última de las páginas, perfectamente acumuladas en una esquina de la caja, esperando a ser recogidas por el carcelero. Nunca he visto su cara. Aparece solo cuando duermo y se lleva las hojas. Dormir es aburrido, pero si no duermo el día siguiente nunca llega. Aquí no hay tiempo ni espacio, solo matemáticas y lógica. Formas abstractas y ordenadas. Todo organizado y jerarquizado.

Todo falso.

Me tumbo en mi suelo blanco mirando los puntos de luz. Las estrellas son lo único que se sale de este molde… No tienen orden, no están colocadas; y cada noche las constelaciones se mueven… Pero la luz de la bombilla alógena a la que llamamos Sol destroza el único espectáculo espontáneo de nuestro mundo.

Vuelvo a mi tarea…

A A A A A A (no debo pensar) A A A A A A A A A A (no quiero que esos monstruos mueran por desear matarme a mí) A A A A A A A A A A A A A (¿pero qué mierda de mundo es este?) A A A A A A A A A A A (no debo desconcentrarme, o la siguiente “A” me saldrá torcida y seré castigada) A A A A A A A A A A A A A A A A (¡qué perfecta es nuestra comunidad!) A A A A A A A A A A A A A A (¡qué obra tan simétrica ha formado el carcelero con nuestras cajas!) A A A A A A A A A A A A A A (debo pensar sólo eso) A A A A A A A A A A A A A A (“A A A A A A A A A A…”).

Y de pronto se cae una estrella.

Miro delante de mí. Paro mi bolígrafo.

Un niño está en frente de mí, paseándose por mi caja.

Estoy completamente desconcertada. No puede haber dos humanos en una misma caja. ¿Qué debo hacer? No haré nada. A A A A A A A A A A A A A A A A… El niño mira un momento y yo le miro a él. Azul. Un color que nunca antes había visto. Quiero fundirme en ese color nuevo que tanta calma trasmite, pero el niño aparta la mirada y busca algo más interesante que mirar y hacer. Se acerca a un lateral de la caja y apoya su dedo índice en ella. Quiero preguntarle qué hace…

-¿A A A A A A? –Él me mira confundido. No entiende mi primitivo lenguaje. Vuelvo a intentarlo. -¿A A A A A A? –Sigue sin entenderme, pero obtengo mi respuesta al momento. Con el vaho de su respiración ha dibujado un amplio círculo en el cristal. ¿Un círculo? ¡Este mundo es cuadrado! El temor me invade. ¡¿Qué monstruosidad es esa figura geométrica?! El resto de los humanos también gimen desde sus cajas de cristal oscuro. Enloquecen y se golpean con los cristales aullando de temor y dolor. Las luces se apagan y todo vuelve a tener un único color.

Abro los ojos. Nueva pila de folios y nuevo bolígrafo negro, como cada mañana. ¿Habrá sido un sueño? No puede ser, los sueños aquí no existen. Me fijo un poco mejor y vuelvo a ver al niño de ojos azules, pero no está en mi caja, sino en la de un humano que está en frente de mí. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? Se pasea bailando sin preocupaciones, desordenando las pilas de papel. Él atraviesa las cajas… No puede ser. No puedo estar imaginándolo porque aquí no existe la imaginación.

Uno de los hombres, presa del pánico, se lanza hacia él con el bolígrafo en la mano con intención de herirle y yo grito para avisarle, pero el niño se muestra completamente indiferente ante él y ante mí. Cierro los ojos para no ver lo peor, pero cuando escucho el sonido de un cuerpo chocando contra el cristal no puedo evitar mirar. El humano ha chocado y ha quedado inconsciente. El niño sigue bailando sin preocupaciones y atraviesa el cuerpo del humano y el cristal como si estuvieran hechos de aire. Él es un Hijo de las Estrellas… no pertenece a este mundo, con lo cual lo que pase en él no le afecta.

Por un momento dejo escapar un largo suspiro… Me siento aliviada… Guau… así que esto es sentir algo. Hasta este momento lo único que podía sentir era miedo y aburrimiento, pero parece que este niño ha hecho que mi lista de sentimientos y emociones empiece a llenarse con algo más que “A A A A A”.

Pero aunque me encantaría seguir mirándole todo el día tengo que continuar con mi labor… A… A… A…

Pasa un día…

Vuelvo a despertar. Espero poder volver a ver al Hijo de las Estrellas…

No puede ser…

Dentro de mi caja hay una caja más pequeña. Un cubo de dos metros cuadrados herméticamente cerrado. El niño está dentro… Con una pequeña pila de hojas y un bolígrafo negro. Es increíble… Él era libre… ¿Cómo es posible que el carcelero haya logrado meterle aquí? O tal vez no fue el carcelero… ¿Tal vez fueron los monstruos? ¿Tal vez fue el propio mundo?

Caigo de rodillas. No. No escribiré. Carcelero, Dios, escucha lo que esta bestia podrida y estúpida que has creado te pide. Por favor, no metas a una criatura libre en este mundo de cajas. Toma mi vida si quieres, aunque no sea mucho, pero no apagues la luz de esta estrella de ojos azules…

Es tarde…

Veo como el niño coge el bolígrafo. No sé muy bien cómo sentirme… Por una parte encajará en este mundo, y por fin podré comprender su comportamiento. Tal vez alcance el estado de “Limbo emocional” del resto y se acople a nuestro modo de vida… Pero no sé si eso es bueno o malo…

Me siento en el suelo y agarro mi bolígrafo… Miro al niño, él aún no ha escrito. De repente coge uno de los folios y hace algo que nadie jamás ha hecho: lo dobla. Como acto instintivo me tapo los oídos, esperando oír a las bestias desgarrarse, pero para mi sorpresa, no oigo nada. Todos le miran con el desacuerdo grabado en el rostro, pero no hacen nada. Actúan más bien como si les diera lástima… Me levanto y tiro el bolígrafo. He descubierto un nuevo sentimiento: la ira.

-¡A A A A A A A A! –les grito. No me entienden, no les entiendo; y el niño tampoco me entiende.

Les odio. Bestias pútridas sin razón ni sentimientos que se abalanzan contra alguien que ven como un débil, cuando ha sido más capaz que ninguno de ellos, simplemente porque no le comprenden. Yo tampoco le comprendo, pero por eso casi le envidio. Pues es mejor no comprender algo irracional que comprender que la racionalidad consiste en ser un perfecto imbécil.

Cuando vuelvo a mirar en el pequeño cubo del niño, veo que con los papeles ha creado nuevos seres…

-Grullas de papel. –dice, pero no entiendo su idioma.

-A A A A A… -respondo. Él tampoco me comprende.

Observo cómo hace esas “Grullas de papel”… Son realmente bellas. Pero cuando termina de hacer lo propio con todos los folios, coge las pequeñas aves blancas y las destroza. Siento pena por ellas. ¿Por qué ha hecho eso? Le miro a los ojos… Qué difícil es pensar… Qué difícil es imaginar… Qué difícil es comprender a alguien cuya lógica no tiene nada que ver con la lógica del resto del mundo…

Entonces te levantas y, simplemente, sales de la caja… Te alejas bailando sin preocupación… Pero antes de salir de mi caja, me miras a los ojos y… sonríes.

Con que esto es la felicidad…

Así es mi hermano, autista. En un mundo coordinado por miles de reglas, responsabilidades y lógicas inútiles sin sentido él tiene su propia forma de verlo todo. Nadie le entiende y él no entiende a nadie… Ese es su don, y su maldición. Tal vez nunca pueda encajar en este mundo que han creado los humanos, pero tiene algo que el resto no tenemos: un potencial capaz de cambiar realmente el mundo, mientras que los demás sólo podemos limitarnos a mirar. Él puede decidir no hacer nada, ni por integrarse ni por desarrollarse; puede lograr auténticas maravillas, pero… también puede destruirlo todo.

Le miro y puedo ver el poder que oculta su mirada… que se pierde en su Mundo de Estrellas, intocable desde aquí… Mi pequeña estrellita, no debiste caer en este mundo, todo será más difícil si permaneces aquí… Pero aunque no te comprenda, aunque pueda temerte… Pienso protegerte. Tal vez nunca puedas ocupar tu lugar en tu mundo, en el firmamento… Pero tal vez Dios te haya hecho de forma diferente que al resto para que puedas ser tú quien decida qué camino seguir.

Yo seguiré en mi caja… Esperando para siempre poder verte brillar.

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